CAZAR SIN ESCÁNDALOS


A veces le dan a uno deseos de caerle atrás a la noticia y devorarla con los ojos, la palabra y los teclazos. Nos educaron, como a viejas señoritas, para ser discretos y no cubrir lo sensacionalista o criminal, a no ser tan escandalosos. Ahora nos atrae lo llamativo y problemático. Obvio ¿no?… tan axiomático como el niño que corre tras lo prohibido.

A mí por ejemplo me gustaría cubrir cosas como que un hombre asesinó a su mujer luego de hallarla en la cama con otro, y agregarle que los mató a cuchillazos, y que todavía (cuando la policía llegó) los cuerpos estaban calientes debido a su intensa actividad sexual de segundos antes del delito.

O escribiría sobre algún viejo de la ciudad, uno de esos seres sucios y harapientos que cierta vez fue el gran profesor de alguna escuela pero que “se quemó” y ahora no tiene ni familia porque lo han abandonado, y al que además le gustan las menores de edad.

Incluso me referiría a lo desordenadas que están hoy día las relaciones sexuales porque hay padres y padrastros que violan a sus hijas y tienen con ellas hijos-nietos, porque hay homosexuales y heterosexuales que como perros callejeros y sin respetar las reglas de la ciudadanía aplacan sus instintos del bajo vientre (así decían en Roma) en los parques y las esquinas.

Para escribir, solo imaginación pero para publicar también debe tenerse en cuenta la política editorial. No se puede escribir lo que no ha sucedido, así como tampoco lo que nos dé la gana. Para eso están los escritores de ficción. Nos hemos actualizado, pero aún nos falta para salir de la etiqueta de “viejas señoritas” del periodismo ahora disfrazadas de superabuelas.

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