Cumpliendo con el deber de ser humanos…


Por Liliana Sierra, periodista de Radio SM
¿Qué pudiera decir hoy que no se haya mencionado ya en los medios de comunicación de todo el país referente a los Cinco, y esencialmente, acerca de la nueva falacia contra René González Sehwerert? Sencillamente no me propongo ofrecer datos, o alguna otra información relevante al respecto, solo pretendo expresar mi sentir, tanto dolor que se multiplica en los corazones de quienes entienden por qué René debe regresar de inmediato a nuestra tierra.

Más allá de cualquier trasfondo político o ideológico, para mí se trata de humanidad, de compasión ante el sufrimiento ajeno, de entender el valor de la familia y del hogar, de permitir el derecho a la vida que todos tenemos al venir al mundo.

A las 4 y 30 de la madrugada la noticia estremeció los sentidos, nuestro héroe había salido   de la abominable prisión, de la oscuridad a la que fue condenado sin verdaderos argumentos. Esa hora se colmó de los esperados abrazos entre el padre y las hijas, Irmita e Ivette (¡cuántos momentos perdidos, cuánta espera, cuántas horas creciendo sin el amor y el apoyo paterno!), entre el hijo y el padre, Cándido (igual que el nombre debe haber sido ese abrazo, imaginen la emoción del noble anciano después de 13 años de padecer la ausencia del hijo amado), y entre hermanos (las emociones estallarían ante el fluir desbocado de la sangre en las venas).

Se me eriza la piel aunque no me una a ellos ningún lazo familiar o fraterno, sin embargo me une la esencia que entraña el simple hecho de ser humanos, de pertenecer a esta especie superior capaz de comprender aún los asuntos más complejos de la naturaleza, capaz de solidarizarse ante las causas ajenas si las considera necesarias y justas, capaz de exaltarse ante la crueldad que no permite a un hombre sencillo y de conducta intachable retornar al seno familiar, superar el exilio, para volver a saborear una comida hecha en casa en compañía de los suyos, estrechar las manos amigas, suspirar de nuevo con los mimos de su esposa, cantar de una nana a sus hijas aunque hayan pasado los años, caminar por las calles de su país amado…en fin, detalles tan elementales que a veces pasan desapercibidos pero sin los cuales la vida no tendría colores, olores, sabores, matices, sin los cuales sería tan hueca como las almas de quienes han privado de ellos a René.

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