¡Estos cubanos de esquina!


Esos tipos de la esquina son la gente más sociable de mi barrio. Y siempre están dispuestos a echarte una manito, a ayudarte, por así decirlo. Búscalos para lo que haga falta: comprar algunos dólares, café, ropa, carteras, e incluso para poner en circulación cualquier mercancía con requisitos de “material sensible” o “secreto de Estado”. Ellos son lo mejor.

Según Haydeé, una muy buena periodista que conozco “esos hombres podrían ser el puesto de mando de la nación, porque se las saben todas”. No hay noticia que escape a sus olfatos de viejos bebedores, chismosos y jugadores de esquina.

Esquina: Punto más popular de cualquier cuadra cubana// Área donde casi siempre hay una lámpara fundida// Hogar de los alcohólicos de la circunscripción// Sitio donde casi siempre hay que hacer trabajo obliguntario porque el suelo es fértil para que crezca la yerba//Lugar preferido de los locos, los amantes de baja calaña, y los jugadores de dómino (cuando la lámpara enciende).

Eyder, otro buen compañero de trabajo, alega estos hombres esquineros son la fuente de información, si no más confiable, al menos más permanente de toda la Isla. Ellos siempre están en el mismo lugar y siempre tienen alguna particularísima opinión  que dar.

Quizás que vieron como en el carro de tal empresa se llevaban los materiales que sobraron del trabajo de “reconstrucción/reparación/remodelación” todavía inconcluso. Tal vez también supieran con quien se fue ayer esa recién graduada, o que el vecino tal mira por la ventana de su cuarto del medio cómo se desviste la vecina del frente, mientras su esposa le cambia los culeros a los niños. Sin dudas, la mejor fuente.

Los cubanos de esquina, usualmente andan en camisetas y shores, dicen “nagüe”, “asere” y ”bróder”, sospecho que se bañan poco (al menos los que viven cerca de mi), deben cobrar mucho porque toman demasiado, tienden a ser babosos, pegajosos e insoportables, y tienen esposas felices de a solas ver la novela, a solas conversar, a solas pelear y a solas hasta hacer el amor porque ellos solo llegan cuando terminan el billón de partidas de la noche.

Un día de estos haré un reportaje sobre esa gente. Con este trabajo, tan profundo, no basta para hacerle honores. Supongo que les preguntaré cuándo trabajan ¿si de día o de noche?, de dónde sacan la paciencia para estar chismeando como viejas jubiladas y  hasta de qué diablos de baúl sacan todas las mentiras, cuentos infieles e historias culturosas con que matizan sus jugadas las 24 horas de los 365 días del año, al lado de las ventanas y sin dejar dormir a los demás.

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