CUESTIÓN DE CADERAS


De poco vale a la cubana hacerse la finísima, puesto que biológicamente, para la mayoría, eso es casi imposible. Digo que las latinas somos de caderas anchas y no esqueléticas, de piernas gordas y no palitos chinos, de cachetes sonrosados y no huesos salientes hasta de donde no debe haberlos.

 Expreso mi opinión de que estamos genéticamente diseñadas como proclives a la gordura que es, según nuestras definiciones más tradicionales de lo bello, el mejor síntoma para descubrir a una mujer “hermosa”.

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