Más de 100 años, una entrevista y un central


Por Yisell RODRÍGUEZ MILAN

Es la primera vez que entro a un central. Y no puedo cerrar los ojos, es como si las pestañas se me hubieran pegado a la frente y solo estuviera capacitada para absorber, con la mirada, el panorama a mi alrededor.

Este es un inmenso armatroste de hierro que parece atraparme y al que solo le faltan las barbas y el color negro, porque los antiguos ingenios si tuvieran que ser de algún color serían de la raza de los esclavos ¿o no?…

Antes, durante  los primeros cuatro años del siglo XIX, esto era el Ingenio Esperanza y formaba parte de la hacienda Santa Catalina, ubicada a seis kilómetros de la ciudad de Guantánamo. Su primer dueño fue el francés Juan Savón y luego le siguieron Lorenzo Jay, la Sociedad Comercial Baró y Moré, y la C. Brauet y Cía.

Durante la Guerra de los Diez Años, y específicamente durante la invasión a Guantánamo, Antonio Maceo  quemó algunos cañaverales a su alrededor y después, en la década del ’50 del pasado siglo,  en esa localidad se constituyó una célula del Movimiento 26 de Julio en que se destacaron sus dos mártires principales Manuel Sánchez López y Jesús Argeo Martínez Figueredo.

Ya en Enero de 1959, con la Revolución, el central es nacionalizado y adopta “Argeo Martínez” como nombre, hasta hoy.

Si se le mira bien, dice el jefe que pueden detectarse viejos troncos en el techo, quien sabe si puestos por algún español o yanqui antecesor nuestro. Quizás, pienso mientras mi Sony graba lo que él dice, acá estuvieron los esclavos moliendo caña para endulzar las comidas de sus explotadores, y probablemente hasta se escucharan latigazos y gritos por sus rincones.

A lo mejor hasta hubo alguna sublevación, o los obreros se declararan en huelga por mejores salarios y medios de protección. O bajo alguna de sus inmensas máquinas hayan tenido un aventura un negro esclavo y una blanca señorita. En cuestiones históricas, cualquier cosa puede ser.

Y cuántas maravillas puede haber vivido este gigante viejo y como oxidado pero hermoso, que hoy, con el inicio de la zafra, revive sus espacios con duros golpes de martillo, chispazos, sonidos abruptos de maquinarias echadas a andar y un sinnúmero de mecánicos deambulando de un lado a otro o haciendo chistes, mientras trabajan en el arranque de la zafra del 2011-2012, que en Guantánamo será de las más largas de Cuba.

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