Guapos, ñáñigos y desaparecidos…


Por Yisell RODRÍGUEZ MILAN

En Yateras, cuando mucha gente está reunida y reina el silencio es que alguien está contando cuentos de camino. Y es que todavía corren, por entre sus montañas, las leyendas de ñáñigos, guapos, antiguos franceses, cimarrones y desaparecidos.

Ramón Reyes Ramírez es uno de los grandes narradores de esas historias en el territorio. A él le apasiona el pasado, por eso explica que se dedicó a su estudio y es profesor en la sede universitaria e historiador del municipio.

Tal peculiaridad dota sus leyendas de cierta verosimilitud, en contraste al efecto que producen sus rasgos de antiguo aborigen: pelo negro, extremidades cortas, nariz aguileña, pómulos abultados y ojos rasgados, los cuales avivan una imagen de cuentero exótico entre quienes lo escuchan.

Para él, la más polémica de las leyendas, es la de Los guapos de Yateras y por eso, luego de acomodarse en su silla, cuenta:

“La gente comenta que esa fama de guapos es porque había bajo nivel cultural en la zona y todas las fiestas acababan en peleas o con algún muerto.  Sin embargo, existe también el rumor, jamás probado, entre los pobladores, de que cuando los Maceo Grajales pasaron por aquí, en abril de 1985, Antonio dejó un descendiente.

“Pero dicen que chico era gran valor y poca cultura, que es lo que define a un guapo y que tenía conflictos con su suegro a causa de lo cual, durante una pelea, se mataron entre sí. Entonces, cuando él muere, sacan esa canción que tiene por letra “se acabaron los guapos en Yateras”.

Entre incrédulos y maravillados decidimos contrastar la historia y resulta que sobre “los guapos” hay más rumores que verdades. Para Angel Videaux Díaz, Licenciado en Historia, es posible que la leyenda se refiera a los indios de Yateras, armados y entrenados por los españoles para proteger de los mambises una de las zonas más productivas del gobierno, pero alega que “no existe nada concreto ni escrito sobre esa ella”.

De los guapos pasamos a los cuentos de tradición africana que, según Ramón “ya no tienen tanta fuerza aunque persisten quienes creen fuertemente en ellos”.

“Esta región tiene mucha influencia de esa cultura, explica, porque fue refugio de cimarrones apalencados. El 17 de diciembre, por ejemplo, es el día de San Lázaro y desde la noche anterior, tradicionalmente, se escuchan los redobles de tambor de los bembés. Antes, no hace mucho, también se oían las advertencias de las madres que no dejaban salir solos a los niños en las noches por miedo a que los robaran. Pero esas exageraciones ya han pasado porque el desarrollo social de la Revolución conspira contra su oscurantismo”.

Luego hablamos de “desaparecidos”, esos que atizan la imaginación de los muchachos que recogen café por las serranías en épocas de zafra como esta.

“Está la bruja Macuca, fallecida en los 80´, y que vivió por la zona de Hondones. A ella se  le atribuye una rapidez descomunal, fuertes poderes de seducción sobre los hombres, y se dice que siempre viste ropaje blanco. Muchas personas creían este rumor pero creo que, a veces, estas historias eran parte de la travesura popular porque los hombres aprovechaban el miedo de la comunidad para visitar a sus amantes sin que nadie los viera”, cuenta el historiador.

A este descendiente de los indígenas de San Andrés la magia de contar parece correrle por las venas, eso se ve cuando, entre las peripecias de una historia, sus ojos se tornan más pequeños y su voz cambia tono, altitud y hasta velocidad.

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