El día doce del 2012


Por Yisell Rodríguez Milán
El doce es un número conflictivo, más aún tratándose de este año, que por demás es bisiesto. Y es que sobre el 2012 se ciernen mitos, leyendas, rumores y comentarios envueltos en la publicidad capitalista que juega con los más intrínsecos temores humanos, entre ellos el miedo al apocalipsis.
Se habla en los medios digitales de cierta profecía maya sobre un evento místico a ocurrir el 21 de diciembre de 2012, durante el solsticio de invierno, justo cuando culminan los 13 baktunes o ciclos (cada uno compuesto por 400 años) que usaba esta civilización para medir el tiempo y que ha sido objeto de especulaciones fílmicas y dolores de cabeza para los creyentes en antiguas profecías.
Pero también ha salido a relucir una historia de viejos, que dicta como ley que los primeros doce días del año representan lo que sucederá en cada uno de sus meses posteriores, aunque existen regiones donde se toman en cuenta los 24 primeros de agosto.
Y ellos explican, por ejemplo, que si el día dos llovió pues eso significa que febrero será muy húmedo, o si el cuatro hubo mucha actividad cultural entonces así de activo será abril en la ciudad, y quizás si el seis usted estuvo triste así se comportará su estado de ánimo durante junio.
Dícese en las redes sociales, y en ciertos blog consultados, que esto de los “doce días” es una tendencia de quienes trabajan la tierra, usada para determinar, gracias a la observación, qué meses serán buenos para las siembras y cosechas.
Al sur de España, a este método campesino se le llama “cabañuelas” y es usado para predecir el tiempo atmosférico a largo plazo. Así, más o menos, pueden controlarse los futuros efectos negativos de las tormentas, las riadas o las grandes nevadas y se protege la recolección, el pastoreo y la agricultura.
Los expertos se basan en la forma de las nubes, la dirección del viento, las características del sol, la luna, las estrellas, el espesor de la niebla, la presencia de rocío, arcoiris o granizo y el comportamiento de los animales, a fin de predecir los cambios ambientales.
Analizada la leyenda, ahora solo esperemos que a Guantánamo le vaya tan bien en el resto del año como en estos primeros días y que a Estados Unidos de América no se le ocurra, al menos hasta después del doce, declararle la guerra a nadie, ni a Israel empeorarle la vida a los países limítrofes con sus fronteras, porque de lo contrario aumentarán las posibilidades, ya de por sí grandes, de que Irán o Siria terminen como Libia en el 2012 y el resto del mundo envuelto en caos, aunque no sea el del fin del mundo.

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