Reporteros Caídos Sin Fronteras


Sumario: La Sociedad Interamericana de Prensa calificó el 2011 como el año más trágico de este sector en América Latina, pero en Cuba como contraposición no hay reporteros asesinados desde la dictadura batistiana

Por: Yisell RODRÍGUEZ MILAN

Un 14 de marzo, hace 120 años, José Martí fundó el antecedente más radical y revolucionario de nuestro periodismo nacional: el periódico Patria.  Nació como órgano oficial del recién creado Partido Revolucionario Cubano y en Estados Unidos de América, suelo enemigo, se hicieron sus primeras impresiones.

Y como ejemplo contundente de lo que la revolución necesitaba y necesita hasta hoy, este hecho motivó el origen de la celebración por el día de la prensa cubana.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo que se vive en redacciones y estudios de radio y televisión, es imposible obviar una información que deseo poner otra vez en circulación por medio de Internet como contraposición al hecho de que en Cuba hace más de medio siglo no hay reporteros muertos. La nota decía: según la Sociedad Interamericana de Prensa el 2011 fue el año más trágico de los reporteros latinoamericanos.

Esto significa que mientras nosotros elaborábamos planes de trabajo, discutíamos cuestiones salariales o intentábamos abordar con iniciativa y sentido crítico nuestra pacífica realidad, colegas de otras regiones caían asesinados o eran secuestrados.

“Nosotros nos vamos; ellos se quedan. Son fáciles de localizar. Y desarrollan su labor en sitios donde la ausencia del Estado, o la perversión y corrupción del mismo, los coloca en una situación de extrema vulnerabilidad”, explica el bloguero Hernán Zin, quien se  ha dedicado -según afirma- a recorrer algunas zonas de conflicto armado y a escribir sus vivencias la página Viajes de Guerra.

Pero las cifras, independientemente de los comentarios, hablan solas: en México fueron liquidados cinco reporteros, cuatro en Honduras y Brasil, uno en Colombia, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú y Venezuela.  Y en total, por todo el mundo, según  la ONG Campaña de Emblema de Prensa (PEC, por sus siglas en francés),  106 periodistas murieron en 2011 en 39 países, una media de dos reporteros por semana.

Mientras el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) alega que de esos sólo  de 45 ha comprobado la causa específica de muerte.

Lo que sí se sabe de todos es que el 84% pertenecía a medios locales de comunicación, el 16% eran extranjeros en los territorios donde cayeron, un 60% perdió la vida mientras cubría noticias políticas y el 20% en conflictos armados. Y también se conoce, dicho sea a toda voz,  que el 100% de los crímenes ha quedado sin culpables.

Queda clara la conclusión: es difícil ser un periodista por estos días. Al menos así es fuera de Cuba, donde no existe la burbuja que nos protege de disparos en cualquier esquina, asesinos pagados por altos funcionarios y con la impunidad asegurada y gobiernos cómplices de masacres como la de Irak, Libia o  Afganistán, países que se han convertido en tres de los sitios más peligrosos del mundo para la prensa.

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