Mil mariposas


Un biólogo de larga experiencia emplea la taxidermia como método científico para garantizar, con la disecación, la prueba visual de la fauna guantanamera a nuevas generaciones

Por Yisell Rodríguez Milán

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

16 de abril de 2012, 01:40 pm

Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) – Hay mil mariposas en la casa de Claudio Brown Jacobo, biólogo y taxidermista guantanamero. Están quietas, en cajas entomológicas que las protegen con naftaleno de los insectos nocivos y con un cristal de las manos de curiosos. Muchas de ellas, hace casi 30 años, dejaron de revolotear por los jardines de la ciudad o en las serranías de la provincia.

Los insectos, especialmente estos, son la gran pasión científica de Claudio. Su especialidad, que en Cuba es casi tan rara como algunas especies, se basa en la captura y conservación de estas especies animales, y otras, que luego diseca devolviéndoles la apariencia de vivas. Así facilita su posterior exposición y estudio.

Sus trabajos conforman las colecciones de las salas de Flora y Fauna de los museos de Guantánamo, Baracoa y Caimanera, pero difícilmente, sólo con ver las mariposas disecadas, el ciudadano ajeno a esas labores puede imaginar cuánta perseverancia, paciencia y pasión necesita la taxidermia.

“El relieve montañoso que tenemos y nuestro régimen pluvicida es un verdadero refugio para las mariposas, pero yo también trabajo con otros animales. Tengo sin acabar una colección de patos salvajes, y algunos otros ejemplares a los cuales cazo sólo si me autorizan la dirección provincial de Patrimonio y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA)”, explica Brown.

En Cuba, la Ley 81 del Medio Ambiente dicta, en su artículo 87, que únicamente el CITMA condiciona, restringe o prohíbe la caza o exportación de especies que pueden afectar con su desaparición la conservación de la biodiversidad nacional, están sujetas a regulaciones internacionales o incluidas en el “libro rojo” de los animales en peligro de extinción.

La colección de mariposas la empezó en 1983, según dice, porque esos son los insectos más bellos del mundo y poseen la doble característica de ser macabros y angelicales. En estado larvario, endemoniadamente devastadoras para las siembras de caña o de yuca, en tanto como adultos, además de hermosas, polinizan los cultivos.

“De las 195 especies de mariposas reportadas en la Isla, 135 están representadas en Guantánamo y de esas yo tengo alrededor de unos mil ejemplares. Mi colección fue valorada por los especialistas del Centro Provincial de Patrimonio de Camagüey en más de 10 mil dólares”, informa el científico.

Las caza delicadamente, con un jamo, para que no se hagan polvo entre las manos, luego las diseca usando unas prensas durante dos o tres días. Y para distinguirlas las exhibe ordenadamente por familias y con los nombres de cada ejemplar, hembra y macho.

Más de siete especies de mariposas, extrañas y hasta el momento sin nombre, aparecidas en el territorio tras el terremoto de Haití en el 2010, integran su colección.

“Aquí tengo también algunas de las mariposas más raras de Cuba, entre ellas la Atlantea Perese, autóctona de los pinares de Baracoa y que doné al museo provincial. También está la Arystoemus, muy arisca y de la cual sólo tengo un ejemplar desde los 80. Nunca más la he vuelto a ver”.

Además, el coleccionista tiene en su muestrario otras especies autóctonas, pero extrañas de ver en la zona. Tal es el caso de la Eurytides Celadon, invalorable, rápida y bellísima capturadas una, en la comunidad de Costa Rica, y otra, en la de Hatibonico.

Tiene un espacio pequeño, apretado, al que llama su “cuarto de mariposas”. En las paredes tiene algunas de las cajas entomológicas expuestas, las otras por falta de espacio han ido a parar a un cajón enorme.

Lo óptimo, acepta Brown, sería que los pobladores pudieran apreciar la belleza de esta colección, de alto valor, en las salas de algún museo o institución científica.

El arte de disecar

Cuenta el taxidermista que su oficio no es fácil y entraña muchos peligros en manos irresponsables. Por eso, advierte, los animales disecados no pueden ser vendidos. Su comercialización está prohibida y quien viole esta regulación corre el riesgo de parar tras las rejas o destitulado.

Acto seguido, el científico nos narra las difíciles particularidades de su oficio.

“Yo salgo solo o uso cazadores, porque hay animales difíciles de atrapar como los patos migratorios, que se tiran en el centro de las presas; los gavilanes, las cotorras, los cateyes. Y esos necesitan de un ojo más diestro que el mío en el disparo a más de 30 metros.

“A veces tenemos que esperar horas y horas hasta que aparezca el animal, o calcular los momentos en que usualmente come. Hay que conocer sus hábitos, ser muy observador, y tener cuidado para no destruir la pieza al capturarla”, puntualiza.

Y cuando regresa a su hogar, en 5 Oeste entre 5 y 6 Sur, a veces tras 20 días por las serranías, el taxidermista comienza, allí mismo, en su patio, la disecación. Para eso usa prensas, productos químicos (tetromorato de sodio, formol, naftaleno e insecticidas) y polvos curtientes (alumbre potásico, arsénico, sulfato de cobre).

El proceso, que puede demorar un día completo en mamíferos o tres horas en insectos, es el siguiente: se practica una incisión ventral por donde se extraen músculos y huesos, la piel liberada se trabaja con los polvos y con alambres se fabrica el cuerpo artificial que después se introduce en la piel.

Luego se cose y, respetando las características del animal, le da la forma y expresión que estime o le soliciten las instituciones interesadas en la pieza.

“Es un oficio que ha ido extinguiéndose, a pesar de que solo la taxidermia permite que los más jóvenes conozcan las especies de su país, y de otras regiones.

“Pongo ejemplo, afortunadamente en el museo Tomás Romay, de Santiago de Cuba, hay una pareja de Carpintero Real, ave en peligro de extinción y que por tanto no se puede cazar, pero ¿imaginas si no se conservara esa especie? ¿Cómo se demuestra que en realidad existió?, cuestiona Claudio Brown seguro de que sus mariposas y otras aves, pueden durar, tras cristales y en el lugar adecuado, hasta mil años.

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