A 51 años de Girón: Sangre guantanamera en la Victoria


Además de contribuir a la derrota de los mercenarios en el frente principal de desembarco enemigo, los patriotas de Guantánamo reforzaron otros lugares del país de posible incursión del enemigo, como había indicado el Comandante en Jefe, especialmente en Baracoa.

Por Yisell Rodríguez Milán y Víctor Hugo Purón Fonseca

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

De pronto, en unas intensas jornadas de la vida, el mundo puede convertirse en un escenario muy ceñido y cercano para los hombres que lo aman, y por él están dispuestos a sacrificar hasta la vida. Así sucedió al grupo de guantanameros integrado a los protagonistas de la Victoria en la defensa de la Patria Socialista.

Aquel 19 de abril ellos estaban allí y acá, en la culminación de los combates triunfales de los revolucionarios cubanos contra los mercenarios invasores de la CIA norteamericana, entre los pantanos y las playas de la Ciénaga de Zapata, al igual que en la movilización para frustrar otro desembarco diversionista enemigo en la ciudad de Baracoa.

Eran todos muy jóvenes, apenas tenían 20 años, algunos 16. Transcurridos 51 años de aquellos decisivos días de abril, un grupo de ellos se encuentran con los  periodistas en la sede provincial de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) del 61.

Recuerdo de los caídos, de los combates, del llamado de Fidel

Aldo Herrero Sabala tenía apenas 16 años, había subido cinco veces al Pico Turquino,  y se estaba preparando en la escuela de milicias de Matanzas en el empleo del nuevo armamento artillero, cuando se produjo el ataque imperialista. “Todavía no habíamos llegado a las prácticas cuando los ataques a los aeropuertos el 15, entramos en alerta y el 17 por la tarde partimos en camiones y con el armamento para Playa Girón”, relata.

Fue de los que entraron de madrugada al central Australia, vio a los milicianos combatiendo con viejos mausers a la aviación enemiga que, engañosamente, llevaba insignias cubanas. “A dos piezas de la mía, uno de nuestros artilleros, casi un niño (Nelson Fernández), se puso de pie, confundido, a saludarlos y lo ametrallaron. Fue el primero de los de nuestra arma en caer.”

De los 158 mártires de la batalla de Girón, cuatro fueron guantanameros: Luis López Mustelier, Wilfredo Gonce Cabrera, Emilio Daudinot Pineda y Luis Artemio Carbó Ricardo, cuyas fotos muestran. El primero es hermano de Fidel Jay Mustelier, actual secretario del trabajo patriotico, militar internacionalista de la ACRC en la provincia.

Entre otros, testimonian Aldo, los hermanos Adrián y Héctor Pérez Bejerano, Arquímedes Salas Bandera y Armando Iván Pérez Fernández que partieron y cometieron en Girón con más valor al escuchar a Fidel diciendo que aquello no podía durar 72 horas, pues había que evitar que el enemigo conquistara una cabeza de playa parta solicitar la intervención; sabíamos que luchaban por una causa justa.

Armando Iván, hoy con 76 años, pertenecía al batallón de la Policía, uno de los que mayor cantidad de mártires (186) aportó a la Victoria. Estuvo limpiando de bandidos la sierra del Escambray hasta marzo, y se encontraba de pase en La Habana, pero cuando se dio el alerta debió regresar al campamento en las lomas de Pinar del Río.

“El 18 de abril estaba ya en la zona de operaciones, combatiendo hasta que   el 19 se rindieron los mercenarios. Yo era jefe de una escuadra en la que me mataron a un compañero e hirieron a otro. Luego estuve cuidando el aeropuerto de Girón, donde había aviones enemigos derribados y sus pilotos muertos”, dice.

Por su parte, Arquímedes, de 70 años, se refiere a la extracción humilde de todos los combatientes revolucionarios guantanameros, en su mayoría procedentes de zonas rurales del entorno de esta ciudad, y miembros del Ejército Rebelde. En su caso, integraba la Columna 1, destacada, en el momento de la agresión al país, en el barrio habanero de Cojímar.

Cuenta que allí recibió la alarma de combate el día 15, e inmediatamente pertrecharon los carros con las armas. El 17 llegaron a la Laguna del Tesoro y por la noche atravesaron el terraplén, con ciénaga de un lado y del otro, que los acercaría a las zonas de combate.

“Allí recogimos las armas dejadas por los enemigos que se habían retirado, vimos llegar a las Milicias, a la Policía, la Columna 2. La aviación enemiga nos sorprendió por segunda vez. Pero el 19 fue que toda la tropa se fajó de verdad”, expone, todavía enardecido pese al paso del tiempo.

La conversación se torna anecdótica y múltiple, al referirse a la desmoralización de los mercenarios, cómo huían entre los mangles abandonando sus armas o se entregaban llorando, pese a que contaban con preparación y medios. También se avistaron en el mar naves norteamericanas de guerra para apoyar a los mercenarios.

“Nosotros pasamos en esos días hambre y frío, los mercenarios nos mataron a muchos compañeros, pero Fidel les perdonó la vida a los que cayeron prisioneros, y teníamos órdenes estrictas de no maltratarlos y hasta de darles de nuestra comida… Tampoco temíamos la amenaza de los yanquis.  Nuestra superioridad estaba en que defendíamos la Patria y la causa del Socialismo”, resume Adrián, de 77 años.

En los mismos días, también en Guantánamo se movilizaban las fuerzas revolucionarias. Todo el país estaba en estado de alerta y por esta zona el enemigo planeaba acciones.

Barcos a la vista

Hubo revuelo en Baracoa el día 15 de abril de 1961. Los pobladores, alertados, esperaban desembarcos en las playas de la ciudad, al igual que a todo lo largo de la costa sur del Alto Oriente. El ajetreo y la disposición combativa flotaban en el aire.

Desde diciembre de 1960, el alto mando del Ejército Rebelde conocía las intenciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana con respecto a una invasión mercenaria a Cuba en abril de 1961. La estrategia incluía acciones en la provincia más oriental bajo el nombre de Operación Marte.

Sus objetivos en Guantánamo, apunta la Enciclopedia ECURED, eran alejar la atención de lo que ocurriría, 30 horas después, en Bahía de Cochinos, desembarcar vestidos con las ropas de los militares cubanos para simular un ataque a la Base Naval y comprometer con esta acción a John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, con una intervención militar directa en la Isla.

Pero más de 400 soldados cubanos, pertenecientes a las milicias, la Policía y la Asociación de Jóvenes Rebeldes de la más oriental los esperaban. Apostados desde el día 13, desde Nicaro hasta la punta de Maisí por el norte, y desde ahí hasta Imías por el sur, ellos avistaron, por primera vez en la madrugada del 15, los barcos enemigos.

Un telegrafista de la Marina percibió la primera señal  emitida por las naves e informó a El Castillo, en Baracoa, al mando cubano. La noticia enseguida se esparció por esa ciudad donde las mujeres y niños buscaron protección en las lomas de El Paraíso, mientras los hombres del batallón 118 prepararon sus armas.

Cuentan quienes participaron en esa hombrada que desde los dos últimos días de diciembre de 1960, el alto mando cubano estaba informado de los propósitos norteamericanos de desembarco e invasión por Guantánamo. Así alertados, organizaron el Batallón 118 que defendería la zona con combatientes de todo Oriente. Les entregaron una hamaca, una frazada, un nailon, y armamento.

Más tarde llegaron los refuerzos al mando del después General de Cuerpo de Ejército Sixto Batista Santana, quien arribó a la zona el 18 de abril de 1961 al frente del Batallón 80 de las Milicias Nacionales Revolucionarias, procedente de Jiguaní.

Aunque al final, allí, en Baracoa, no hubo desembarco.

Dicen los baracoenses que el miedo paralizó a los presuntos invasores ante la fuerza preparada para rechazarlos en la isla. Sólo atinaron a dejar ver sus luces, nada más.

Luego los contrarrevolucioanrios ni siquiera pudieron regresar a Estados Unidos, sino que fueron enviados a las instalaciones militares de Puerto Rico y el fracasado intento de desembarco por Baracoa pasó a ser reconocido burlonamente como bojeo a Cuba.

El jefe preparado por la CIA para dirigir la acción fue acusado de traidor por no apoyar, con sus cerca de 200 hombres, el desembarco que se efectuaba por la Brigada de Asalto 2506 en Bahía de Cochinos, como le habían orientado hacer por la provincia de Oriente.

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