Las juntas y los necios


Si tiran agua desde arriba, se mojan las paredes del de abajo. Si lanzan basura, puede caer en cualquiera de los pisos inferiores. Si se grita, se oye al lado. Si se descuida la higiene, quizás el vecino no pueda respirar. Si se golpea, molesta al resto del paso de escalera.

Así de insoportable puede ser la convivencia en un edificio multifamiliar donde la proximidad entre los hogares, más que afianzar el espíritu de coexistencia pacífica, potencie discusiones, peleas, enemistades que deben soportarse, como algunos matrimonios, hasta que la muerte o una permuta los separe.

El 3 de marzo de 1987, para negociar la solución de los problemas que se dan en estas edificaciones, se crearon en Cuba las juntas de vecinos, asociaciones que incluyen a los titulares de cada apartamento en la jefatura de las mismas.

Sus atribuciones incluyen designar el comité ejecutivo (presidente, tesorero y secretario), aprobar el reglamento interno, defender los derechos de los residentes, decidir sobre la reparación de los elementos comunes, velar por que no se produzcan ilegalidades y denunciarlas -cuando hablando no se resuelva el problema- ante los trabajadores dela Dirección Municipalde Vivienda en el área.

Los 80 eran los años en que los deseos de urbanizar la isla y las microbrigadas de la construcción estaban de moda. Y como era lógico, ahorrando espacio en la tierra mediante el uso del espacio aéreo, los multifamiliares proliferaron.

Se crearon muchos repartos como el Caribe, atiborrados de inmuebles de cuatro o cinco pisos, con viviendas independientes y muchos elementos comunes: techos, paredes, vestíbulos, sótanos, patios, cercas, instalaciones eléctricas e hidráulicas, garajes, azoteas, escaleras, colectores de desechos, elevadores, turbinas, etc.

Guantánamo no quedó exento de la racha constructiva. Sólo en el municipio cabecera hay 531 edificaciones de este tipo concentradas especialmente en el mencionado Caribe, Mártires de Granada (Dabul), Rubén López (reparto obrero) y Villa Toa. Luego, en orden decreciente le siguen Baracoa con 145 inmuebles  y Caimanera con 67.

Sin embargo, hoy, la solución implementada hace 25 años con el objetivo de mantener la paz entre los vecinos, no funciona. Como consecuencia, en muchos de los 873 multifamiliares guantanameros proliferan las peleas entre colindantes, la falta de comunicación, la irresponsabilidad con el cuidado de lo común, y las violaciones al Reglamento General de los Edificios Multifamiliares, un documento poco conocido y divulgado por esas juntas que hace tiempo no trabajan como deben.

¿A qué se debe el caos? Las respuestas, más que claras, se hunden en un tanque de interrogantes: ¿será quizás la poca exigencia de los trabajadores de Vivienda en el área? ¿ el ínfimo personal que en la provincia debe velar por el buen funcionamiento de las más de 800 construcciones de este tipo?

Incluso pudiera ser el desconocimiento vecinal de lo que es o no incorrecto en los edificios y por tanto de su Reglamento, pero lo que sí no tiene dudas es que cuando las juntas no funcionan, todo en el edificio –empezando por la exigencia y la responsabilidad- se va a pique.

Entonces, hasta los procesos que pudieran beneficiar a los moradores del inmueble, se entorpecen. Eso ha pasado con las acciones impulsadas por la unidades municipales inversionistas de la vivienda para remediar algunos deterioros constructivos.

Cuentan algunos de los que tienen que ver directamente con la actividad que, en no pocas ocasiones, algunos vecinos se han negado a pagar las reparaciones, aún sabiendo de antemano lo que se haría y cuánto dinero debía aportarse.

En el 2011 se ejecutaron 11 rehabilitaciones integrales,  40 acciones de conservación, 138 impermeabilizaciones y se arreglaron 32 líneas hidrosanitarias y casi siempre, según informaciones de la dirección provincial de vivienda, una vez terminadas las labores sobrevino este problema.

Y es ahí, por ejemplo, donde deben funcionar las juntas. ¿Cómo?  Persuadiendo de la necesidad de esos trabajos para mejorarles la vida a todos sin tantas filtraciones, roturas, desprendimientos, peligros de derrumbe, pero también informando a los residentes del delito que significa no pagar cuando ya se han beneficiado de la reparación.

Actualmente, para evitar actitudes como esas, la dirección de Vivienda presenta a los vecinos contratos individuales que evitan a los deudores permanecer impunes. Así si no cumplen lo pactado, el órgano de justicia pertinente autorizará embargos de salarios, la extracción del dinero de las cuentas de ahorro, entre otros métodos especialmente establecidos contra los caraduras que pretenden disfrutar del confort “a costillas” de los demás.

Este es un ejemplo concreto de la ineficiencia de las juntas vecinales pero no es el único. Otras acciones en contra de lo establecido demuestran su endeblez o inexistencia en los edificios.

Cuando un vecino opera sin autorización las turbinas o los elevadores, usa más de un espacio en el garaje, derrama agua fuera de la casa, obstaculiza el acceso a las azoteas o sótanos, modifica las áreas comunes o cría animales dentro del inmueble también estamos en presencia de ilegalidades no atajadas por una presidencia vecinal que contribuye, con su inacción, al desbarajuste general.

Eso dicela Resolución4/91 del Instituto Nacional dela Vivienda.Enella se establecen los deberes y derechos de los arrendatarios y propietarios aún cuando quienes deben exigir en los multifamiliares no hagan lo que deben y los inspectores parezcan peleados con esas multas tan necesarias para acabar, de una vez,  con las molestias de los que neciamente no dejan vivir en paz a los demás.

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