Acontecimientos del campo cubano


El 17 de mayo tiene una connotación especial para el campesinado cubano. Ese día de 1946 fue asesinado el luchador Niceto Pérez y exactamente 13 años después el Comandante en Jefe Fidel Castro firma en la Comandancia del Ejército Rebelde, la Primera Ley de Reforma Agraria. También en esa fecha de 1961, nace la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).
Se trata de tres acontecimientos trascendentes en la larga y heroica lucha de los hombres y mujeres del campo, remontada al siglo XIX, cuando en cifra superior al 80 por ciento integraron las filas del Ejército Mambí, proeza reeditada a mediados del XX, con una incorporación similar a las huestes rebeldes.
Memorables fueron las contiendas libradas por la tierra en la década del 30, dirigidas por Lino de las Mercedes Álvarez, en Realengo 18, y el Congreso Campesino en Armas, celebrado en el territorio del Segundo Frente Oriental Frank País, bajo la presidencia del Comandante Raúl Castro.
Imposible desconocer el papel desempeñado por las milicias campesinas en la defensa de la Revolución en estos 45 años, y en particular su decisiva incorporación a la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias alzadas en el Escambray y en prácticamente todas las zonas rurales.
La ANAP surge inspirada en esas tradiciones y en la necesidad de contar con una organización capaz de conducir la participación de ese enorme segmento poblacional en las tareas políticas, económicas, sociales y culturales.

A tantos años de su fundación posee un rico expediente, lleno de realizaciones que bien pueden resumirse en la contribución brindada a la reinserción de sus afiliados a la sociedad y en la identificación alcanzada con los obreros y las demás clases y capas laboriosas del país.
La Asociación ha estado en el centro de esos esfuerzos por consolidar las leyes agrarias, promover la transformación de las condiciones de vida y de trabajo en el campo, en especial las relacionadas con la educación, la salud y otras muchas conquistas.
Particularmente notable ha sido su faena en interés de superar gradualmente los métodos de trabajo típicos del minifundio, hasta convertir en mayoritarias las formas de cooperación, donde la técnica y la explotación adecuada e intensiva del suelo multiplican el rendimiento por área y la productividad.
Se trata de un objetivo histórico que deberá mantenerse en el centro de la atención de todos en los próximos años, pues únicamente mediante las formas socialistas de producción se podrá alcanzar la vida plena hasta en el más apartado rincón del país, y satisfacer las necesidades de alimentación del pueblo y de la industria transformadora.
Esta obra no ha sido nada fácil pues ella requiere modificar tradiciones, costumbres y concepciones arraigadas a lo largo de varias generaciones, en las que se precisa el más absoluto respeto a la voluntad del campesino y abrirlo al futuro mediante el peso innegable del ejemplo.
El agricultor de la Isla dispone de todas las condiciones para continuar adelante, pues en breve período histórico fue devuelto a la vida, con todos los derechos, liberado de la explotación y la humillante discriminación y transformado en ente activo y constructor de la única sociedad capaz de romper las ataduras propias de la Edad Media, el socialismo.

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