Un día que se dividió en dos



Por Yisell RODRÍGUEZ MILÁN

Se acerca un jornada feliz para buena parte de la población cubana: los homosexuales y los campesinos. Es la aproximación de un día dividido, al menos en Cuba, en dos celebraciones aparentemente contrapuestas.

Durante esas 24 horas, los gays celebran que su orientación  sexual hace 22 años fuera eliminada de la lista de enfermedades mentales de la OMS,  mientras los campesinos festejan que hace más de medio siglo Fidel firmó en la Comandancia del Ejército Rebelde la Primera Leyde Reforma Agraria.

Pero hace ya algunos años, en ciertas regiones cubanas,  los debates del 17 de mayo trascienden las fronteras de los discursos históricos y los disparos orales contra quienes injurian a los homosexuales porque la coincidencia de fechas reta “al duro” las viejas ideas y herencias machistas de nuestra sociedad.

He escuchado a algunos decir que Cuba debió elegir otro día para defender los derechos de los homosexuales -como si del CENESEX fuera culpa la coincidencia de fechas-, en tanto otros opinan que la inaudita casualidad está bien, porque es hora de rebasar los anticuados conceptos del guajiro “macho, varón, masculino” cerrado a entendimientos con otras orientaciones sexuales.

Vale aclarar que Cuba no fue la iniciadora de esta celebración sino la Asociación Internacionalde Gays y Lesbianas (ILGA). Su objetivo es recordar el 17 de mayo de 1990, cuando la homosexualidad se eliminó de la listas de enfermedades mentales dela Organización Mundial dela Salud.

Cualquiera preguntaría ¿y por qué tanto rememorar esa fecha si ya hoy en día dondequiera se habla del tema?…. Pero la cuestión es que más allá de lo que la gente pueda intuir todavía en casi 80 países ser gay es un delito. Por ejemplo, en Afganistán, Irán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen, a ellos se les castiga con la pena de muerte.

Mientras que en Cuba, aunque los homosexuales no paguen su preferencia sexual con multas económicas ni castigos físicos o psicológicos, sí persisten tabúes en las familias y la sociedad. Aún se resisten los que no aceptan que al cuerpo su dueño le puede dar el uso que estime.

El campesino cubano, como el mexicano de Jalisco, ha sido envuelto en la estela machista de los que se rehúsan a admitir otras preferencias sexuales.  Incluso, algunos de ellos, quizás por esa herencia que dicta como sentencia que el hombre de campo, adaptado a los trabajos rudos debe ser “lógicamente” heterosexual, se han cerrado a entendimientos. Pero ese tipo de mentalidad que debe cambiar.

Así como también debe cambiar, la actitud de callar cuando se presencia una opinión, actitud o comportamiento homófobico. A fin de cuentas, lo más justo, es respetar el derecho a la libre orientación sexual e identidad de género. Nadie tiene por qué meterse en eso.

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