Al diablo con las guaguas


Por Yisell RODRIGUEZ MILAN

“Las 4 de la tarde, la guagua que no llega
La gente que no para de hablar y que se desespera…”
(fragmento de una canción del grupo Moneda Dura)

Decir que en la ciudad de Guantánamo, a las doce del día o a las cuatro y media de la tarde, es imposible coger un ómnibus, sería exagerar.

Sin embargo, expresar a toda voz que es insoportable su espera, decepcionante verla pasar sin recoger a nadie y exasperante la apretazón, el roce de los aprovechados, las griterías y los malos olores cuando finalmente uno logra subirse, sería un retrato fiel a la realidad que debe soportar la población del municipio cabecera.

Elimino del numerito de afectados a los que tienen carros particulares y ni por humanidad recogen a los que envejecen en las paradas, así como  también a los jefes y choferes que se creen dueños del auto estatal e ignoran las manos y gestos desesperados que les salen al paso.

Ellos carecen de sensibilidad ciudadana, de esa actitud que jamás es tan rara de ver como cuando se le necesita, o sea, siempre. La situación del servicio de ómnibus urbano en este municipio, así lo dicta.

De las 35 guaguas que deben tirar pasaje en los seis trayectos establecidos solo un aproximado entre ocho y trece  están disponibles pero siempre a expensas de una sobreexplotación que pudiera conducirlas al coma eterno en que parecen estar las restantes.

Esta decena de carros disponibles debe no solo satisfacer las demandas de los recorridos Parque – Hospital (5), 15 Sur – Vocacional (3), 15 Sur – Santa María (6),  9 Sur – Hospital (2B), Parque 24 – Santa María (2), sino además los viajes a Jatibonico, Paraguay, Boquerón, Caimanera, el aereopuerto, etc.

Como es obvio, la situación sería insostenible de no ser por las alternativas de la Empresa de Transporte a nivel provincial y las flexibilizaciones estatales con respecto al trabajo por cuenta propia.

Desde la Empresa, una de las soluciones implementadas es el uso de los conocidos “ruteros” o “fletes” provistos por la unidad básica de aseguramiento al transporte y cuyo pasaje cuesta un peso. Esta entidad apoya principalmente las rutas más desprotegidas: 3, 6, 2B, y refuerzan la 5 por ser una de las más necesarias.

Otra respuesta ante la caótica situación del transporte es el incremento de las alternativas no estatales, lo cual está recogido en  el lineamiento 278 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución:

“Fomentar el diseño de nuevas formas organizativas estatales y no estatales en las transportaciones de pasajeros y carga, así como en otros servicios vinculados con la actividad, en correspondencia con las características de cada territorio”.

Como resultado de su aplicación, en el 2011, en la provincia aumentaron los coches de tracción animal, los motoristas, bicitaxis, taxis particulares y camionetas. Pero, ni todo esto fue suficiente para satisfacer la demanda de los guantanameros.

Lo digo porque las paradas continúan repletas de gente, a cualquier hora del día, y las guaguas parecen fantasmas a los cuales es un privilegio topárselos. La cuestión empeora, como remate, cuando las personas necesitadas de traslado pierden los buenos modales y el toque de sensibilidad que nos distingue como humanos al ver llegar el ómnibus.

Entonces pueden verse jóvenes empujando a los ancianos, embarazadas siendo aplastadas por algún inconsciente y a veces, hasta ellas mismas, golpeando a los demás, niños llorando porque se sienten asfixiados entre tantas personas o escurriéndose entre los grades para llegar al interior de la guagua (como mismo le han enseñado sus padres).

Y en ese momento, gracias al desespero de los ciudadanos, se desborda salvajismo, incivilización y brutalidad en las múltiples paradas urbanas tanto por parte de los que intentan entrar, como de los que se atraviesan en el medio del pasillo y los choferes  enfurecidos o apurados.

Sin embargo, me parece que lo peor es que muchas personas, al final, tienden a justificar estas actitudes porque la “situación está mala” y “hay que resolver como sea”.

Y así no debe ser, porque los problemas de transporte no van a ser solucionados rápidamente, y es necesario preservar los pocos recursos de que disponemos, en especial cuando ellos constituyen las  opciones más baratas y acordes al salario medio de la población.

Incluso en el último Congreso del Partido se discutió lo prioritario de brindar atención a la transportación de pasajeros, urbana, rural, intermunicipal e interprovincial con estabilidad y calidad para lograr la sostenibilidad de los servicios de los cuales disponemos.

Esto significa tratar de aprovechar al máximo lo poco con que contamos sin desesperarnos porque no puede suceder que por culpa de una, dos o tres guaguas la ciudad se transforme en una selva.

Quizás la solución, de momento, esté en intentar que cada uno de nosotros se arme de paciencia y preserve su humanidad, esa que dicta: facilitar el paso primero a los niños, las embarazadas, los ancianos. Aunque ya sé yo que eso, por fácil que sea decirlo, sin transporte, es más difícil de lograr que caminar sobre la lava.

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