Del FULL SHOOT.COM, secretos a media voz


Por Yisell RODRÍGUEZ MILAN

Quizás muchos de los que hoy conozco no vean en la palabra FULL SHOOT más que eso, un vocablo  extraño y yuma. Sin embargo, para otros, para aquellos con quienes compartí cuartos, aulas, hambres (de comida y sueños), aventuras y peleas, ese término no es raro.

El FULL SHOOT fue nuestro periódico “del aula”. Nació inspirado en el El Universitario, creado para toda la UO, fue el sucesor de El Ambulante, el Alephm, el Hetaroi… y otros tantos hechos por y para los grupos de periodismo de la Universidad de Oriente.

Después de nuestro semanario -que sobrevivió tres años a las locuras de sus redactores y las presiones y las opiniones a favor o en contra de su existencia- llegaron otros como Miradas.

Los redactores de nuestro periódico tenían nombres inusuales y de moda: Dorian Grey, Kyle XY, Ally Mcbeal… Sus artículos, a veces, eran científicos y siempre  desenfadados. La ligereza en el estilo periodístico que empleaban les ganó adeptos y muchos enemigos a su Consejo Editorial.

Recuerdo que, primero, a nadie le preocupaba quienes lo escribían pero luego, a medida que los trabajos fueron más atrevidos y explícitos todos querían saber quienes eran los “culpables” de esa “maldición” que semana tras semana se colaba en los e-mail de los 26 integrantes del aula, y cuando no había conexión aparecía en las gavetas de las mesas o en manos de cualquiera.

Sí, porque el FULL SHOOT era esencialmente digital. Se elaboraba con el Office Publisher, usaba fotos del grupo, usaba chismes y de noticias de verdad, incluía historietas, comentarios, reportajes, crónicas, y estaba abierto a todo tipo de colaboración.

Cuando se tenían completas con la información que se necesitaba –o apareciera- sus 4 páginas, y a veces 6, era transformado en fotos. Eso facilitaba enviarlo a cada uno de los miembros del Flamante Grupón de Periodismo, cuyos integrantes enviaban críticas y comentarios sobre lo publicado a un correo anónimo contenido en la última página.

Como consecuencia, llovían las réplicas, las inconformidades alegando que se había sido injusto, que nadie debía entrometerse en otras vidas, que la publicación tenía que desaparecer porque era portadora y provocadora de rencillas y problemas… pero también caían a chorros las alabanzas, impulsos y consejos de que se continuara porque el periódico “había animado la Universidad”…

Y que se sepa, así era.

La mayoría esperaba ansiosa que un correo anunciando “lo más esperado” o “lo más caliente” arribara a sus bandejas de entrada. Es cierto que, en buena medida, los atraía hacia la publicación la curiosidad de saber si habían salido en sus páginas, qué se decía de ellos (malo o bueno) o motivos para reír y relajar sus tensiones.

Algunos de los trabajos más controvertidos, polémicos, buscapleitos, pero atractivos que tuvieron el semanario fueron: A cual según su película, Y tú a que clase perteneces, Todos a Nairovisión, Miss Boutique, Dunnia fue arrestada, Los zombis….

Las reglas estilísticas y política editorial, fundidas en una solo regla, eran sencillas: escribe de lo que quieras, sin humillar ni maltratar a nadie, con síntesis, sentido del humor y un dato atractivo que informar.

Durante los tres años y pico en que ininterrumpidamente, a costo de sudor, cansancio, lucha por computadoras y mucho entusiasmo de sus editores, estuvo saliendo el FULL SHOOT, en sus páginas se vieron concursos de minicuentos eróticos, encuestas, notas informativas… y todo tipo de ocurrencias.

El periódico reflejaba el espíritu de un grupo contradictorio, polémico, muchas veces con disgustos y rencillas internas, a veces enredado en discusiones y bravuras sin sentido, pero contento de estar allí, en la Universidad, a pesar de los pesares.

 

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