VIVIR… A LO CUBANO


En Cuba la gente se faja en las colas, llama a gritos en la calle, cuando conversa con alguien en realidad habla para todo el barrio. Aquí los problemas de uno son los de todos, igual que los logros de uno son los logros de los que más cerca tenga.

El cubano tiene sexo en los rincones oscuros de su ciudad. Es pobre. Lucha. Cuenta sus problemas al amigo en plena calle como para que todos se enteren y le aporten soluciones. Disfruta vivir del invento.

En Cuba la gente carece de letreros lumínicos al estilo de “sexo  las 24 horas”,  “comida chatarra  a la orden”, “se vende la Luna”, “curso para ser carne de cañón”.

El cubano carece de super-condones. Tiene hijos cuando, como y donde quiere y sexo hasta el aburrimiento sin los super-anticonceptivos. Carece de máquinas para fregar, cocinar, dar la hora holográficamente, tampoco tiene de esos (cualesquiera que puedan ser) sofisticados equipos que los países desarrollados usan para amar.

La gente en Cuba teme más a una erección que a una pistola, y anda tranquila por las calles. Aún vive, como en los viejas tiempos, entre bicicletas y almendrones añorando un desarrollo que no anuncia llegada.

En Cuba la gente vive en paz.

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