De tus pensamientos, el guión


A Tito

Dijo que amaba a otra, que no podía pensar más que en sus manos, en su pecho, en sus espaldas, su caracter… Dijo que era su mujer de lujo, que no quería romper corazón alguno o que al menos  no era su propósito. Pero lo hizo.

“Da igual”, dijo ella, se dio un trago de ron… y se fue. Como si nada. Sin espina visible.

Luego pensó – en blanco y negro como en las películas- pero no comentó nada. Se tragó el guión de su melodrama particular.

Que si sus manos las confundía con otras mientras la tocaba, que si sus senos eran demasiado esbeltos en comparación, que si mentía cuando dijo te quiero, que si sus miradas de pasión en realidad eran de remordimiento, que si cuando miraba sentía pena por ella. Eso se decía en el silencio de su pensamiento y sufría, como las buenas amantes.

Entretejía conversaciones enteras donde imagina sus preguntas al amado que a otra amaba y las respuestas que podría recibir. Él nunca supo de esas conversaciones subconcientes.

Al fin, un día, decidió resolver el asunto y se escurrió en cama ajena. Pero se enamoró…y de nuevo comenzaron  las otredades, los silencios, los monólogos. Otra vez la tristeza cayó sobre su corazón magullado hasta que lo aplastó.

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