Lo insólito de los sueños


Supe de un carnicero, Chicho le dicen, que habita en el Sur de la ciudad de Guantánamo. La utopía no es lo suyo, él es un hombre de pies en la tierra. Tiene su negocio de carne. Cría animales. Ama el sexo y el ron como a sí mismo. Tampoco tiene muchos estudios.
Sin embargo… desde la lluvia de estrellas, se le metió una idea en el cerebro: él quiere un telescopio.
Su mujer le pregunta -con la aspereza de lo vulgar- que para que quiere eso en Cuba, que si para mirar tetas. Él responde que no, que lo quiere para observar el cielo. Para eso no más.
“Quiero ver lo que otros le encuentran. Quiero saber que hay allá arriba”, le comenta a su mujer que, aún sorprendida, accede a pedírselo a su hijo, que está en el extranjero, para que le alcance el sueño tocando a las puertas de una tienda.

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