Puriales de Caujerí: Estragos de una tormenta


Por Yisell Rodríguez Milán.  

Fotos: Leonel Escalona Furones

El sábado 25 de agosto, pasadas las 7 de la noche, el río Sabanalamar de Puriales de Caujerí tuvo un desbordamiento sin precedentes en la historia local. El torrente, endemoniado y turbio, arrasó con 14 viviendas, derrumbó parcialmente 33  y provocó otros daños a más de 100, convirtiéndose en el mayor estrago originado por las lluvias de la tormenta tropical Isaac en la provincia de Guantánamo. 

Yamira Vera Martínez, Presidenta del Consejo de Defensa de San Antonio del Sur, informó que la inundación provocó, además, la destrucción del vial Puriales-La Zona incomunicando a la comunidad de Viento Frío, se perdieron los documentos de la OFICODA y la oficina de vectores, en la farmacia se mojaron algunos medicamentos, cayeron al suelo varios postes de electricidad y se rompieron las tuberías del sistema de acueducto.

La causa -explicó Gustavo Barbier Viera, presidente de la zona de defensa- fue que el afluente “se represó”. La corriente arrastró desde las montañas gran cantidad de troncos de árboles y bejucos que se depositaron entre las vigas del puente y taponaron su curso.

A él preguntamos por qué si se conocía que la tormenta pasó tan cerca de San Antonio del Sur y caían fuertes aguaceros desde el mediodía del sábado, no se protegieron las pertenencias de aquellos cuyos hogares estaban más cerca del río. Barbier respondió que se autoevacuaron 92 personas en hogares vecinos, pero la crecida sorprendió incluso a las autoridades.

Eran las 10:30 de la noche del día de los estragos cuando el pluviómetro de Puriales de Caujerí, casi como símbolo de lo que pasaba, se rompió. Cuando eso pasó, marcaba 265 milímetros de agua caídos. Estimados provinciales del Centro de Meteorología advirtieron que esta fue la zona guantanamera donde más llovió.

Iris Molina Crespo, sus dos hijos y su esposo, fueron víctimas de la fuerza de las precipitaciones y su impacto en el Sabanalamar.  La vimos cuando lavaba algunas ropas rescatadas del fango en el mismo río que horas antes le destruyó, por completo, su hogar por 13 años.

“Estábamos aquí, esperando que nos evacuaran, cuando el agua entró. Rápido corrimos hacia la vivienda de un tío para protegernos, pero no pudimos salvar nada. Ahora mi casa ni paredes tiene, pero estamos vivos, y eso hay que agradecerlo”.

Iris vive en la cabeza del puente, a la derecha, en una de las primeras casas del barrio Hospital. Mientras conversamos, su hija pequeña -en un desesperado intento por ayudarla- hurga en el fango tras la pareja de un zapato, y su esposo está callado.

Asimismo estuvo cuando Luis Antonio Torres Iríbar, presidente del Consejo de Defensa Provincial, y Nancy Acosta Hernández, la vicepresidenta, durante el recorrido que efectuaran por ese Consejo Popular para evaluar los estragos de la tormenta tropical Isaac, le preguntaron sobre su situación. Él solo miró los restos de su hogar, con ojos tristes.

En Puriales de Caujerí las historias de damnificados sobran, así como también las muestras de solidaridad y nobleza de sus pobladores. Así lo reconoció Torres Iríbar, quien conversó con Carmelina Estévez Gámez, una de las tantas personas que ofreció cama y comida a los afectados por la inundación.

Ni solos ni abandonados

A mediados de esta semana volvimos al valle. Aquello, poco más de 72 horas después del desastre, parecía otro lugar: el río ya era un pacífico riachuelo, se había restablecido el acceso a la comunidad de Viento Frío, se electrificaron 15 kilómetros del poblado, funcionaban las teléfonos, la calle central no tenía fango ni escombros, y se habían reabastecido las tiendas con productos alimenticios a precios mínimos.

En ese Consejo Popular de 6 mil 136 habitantes y más de 2 mil viviendas, de no ser por la preocupación visible en los 156 damnificados por Isaac y el correcorre de los funcionarios del Consejo de defensa de zona, podría decirse que todo estaba en calma.

Los trabajadores de la Organización Básica Eléctrica, Acueductos, la Empresa Provincial de Construcción y Mantenimiento, la de Servicios Técnicos, el Comando de bomberos y los grupos de apoyo permanente a la higienización provenientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, intentaban devolver la localidad a la normalidad.

Lo mismo hacían los especialistas de Salud Pública, quienes fumigaron las viviendas y trataron las aguas con hipoclorito, y los del Instituto de Planificación Física que localizaron con rapidez las dos microzonas donde se construirán los hogares temporales de los afectados con tejas de fibrocemento que ya están en los almacenes del municipio, y paulatinamente sus casas.

Por otra parte, la Asamblea Provincial del Poder Popular hizo efectivo un donativo de prendas de vestir para las familias que lo perdieron todo y la Casa de Cultura.

Giormis Navarro Durán, jefe de la Planta de beneficio del poblado, fue uno de los beneficiados sin tener que pagar nada por ello: le dieron una castilla completa para su esposa, que está a punto de dar a luz un bebé en el Hospital General de la ciudad de Guantánamo. Con la inundación del Sabanalamar, él lo perdió todo, excepto sus dos hijos a quienes agarró de las manos loma arriba para salvarles la vida.

También, para agilizar la recuperación, el Grupo Empresarial de Comercio de la provincia tiene allí para vender: colchones, ropas, taburetes, pilas para radios, sábanas, toallas, módulos de cocina y productos de aseo y limpieza, según informó Alexis Quintero Leyva, administrador del Mercado de productos industriales.

Esos implementos serán comercializados en forma de paquetes a los damnificados, a quienes además se les brindará una facilidad de pago, o sea, si no tienen suficiente dinero para comprar podrán solicitar un crédito con interés inferior a lo usual.

A los que ni siquiera puedan respaldar ese crédito, la dependencia interna del Poder Popular podrá financiarle hasta el 50 por ciento de lo que cuesta el módulo, siempre con previa autorización por parte del Consejo de Defensa Municipal. Así explicó Alfredo Silot Lores, director de Economía y Planificación en San Antonio del Sur.

En Puriales de Caujerí lo que no debía pasar, pasó. Nadie murió, pero los destrozos demostraron que en momentos de peligro, viviendo cerca de un río y con lluvias de tormenta, no se le pueden dejar brechas abiertas a los quizás ni a las sorpresas.

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