Kike, Marina, Rogelio y la caldosa


PD: Este reportaje, publicado en el Juventud Rebelde, está tan interesante que lo reblogueo para ustedes.

Juan Morales Agüero
juan@juventudrebelde.cu
27 de Septiembre del 2012 19:01:57 CDT

LAS TUNAS.— Desde hace poco más de 30 años las fiestas cederistas no pueden concebirse si entre sus invitados de honor no tienen en cuenta a un «personaje» de suculenta y tonificante casta: la popularísima caldosa.

Se trata de un plato de padres desconocidos. Pero un matrimonio tunero —José Enrique Pérez, «Kike», y Luz Marina Zaldívar, «Marina»— lo legitimó ante el paladar público con la ayuda de la sensibilidad de un coterráneo experto en Biología, aunque ajeno a las sartenes y los sofritos.

El «milagro» se produjo cuando el Doctor en Ciencias Pedagógicas Rogelio Díaz Castillo, guitarrero aficionado y vecino de la pareja, compuso una guaracha inspirada en la noche en que la gente del barrio aguardaba por el nuevo día para celebrar una importante conmemoración nacional.

«Fue el 25 de julio de 1979, evoca Rogelio. Nos reunimos para esperar el aniversario 26 del asalto al Moncada. Kike y Marina tenían otro motivo para festejar: su hijo Pachi había llegado de la URSS, luego de cursar exitosamente sus estudios.

«Acordamos que nadie se marcharía antes de medianoche —prosigue—. Cuando faltaba más o menos una hora para ese momento, dudamos que el pacto se cumpliera. La parranda había arrancado temprano y ya algunos acusaban los efectos de la fatiga y de las copas».

Cuenta el docente que entonces, como salidos de una mágica chistera, aparecieron en escena Kike y Marina. Cargaban entre ambos un caldero repleto de «algo» que, a juzgar por su sazonado aroma, parecía capaz de revivir a un muerto.

«Prueben esto y verán cómo se reaniman», decía Kike, mientras echaban en los tazones el espeso caldo hecho a base de gallina, especias y viandas trituradas. Y así fue. Al rato, la fiesta cobró bríos. Y la gente empezó a bailar, ya no hasta las 12, sino  hasta… ¡las tres de la mañana!»

Nace una guaracha

«El convite reanimado por la caldosa me inspiró a escribir una guaracha —admite Rogelio—. La titulé La caldosa de don Kike. Nunca sospeché el impacto que tendría.

La pieza comenzó a cocer su historia cuando Rogelio conoció a Inocente Iznaga, «el Jilguero de Cienfuegos», en la Jornada Cucalambeana de 1979. Se le presentó y le dijo: «Quiero que oiga esta guaracha mía. Tal vez encaje en su estilo».

El artista escuchó con atención al joven cantautor, que en la interpretación más importante de su vida, se hacía acompañar por una guitarra. No emitió juicio. Solo le pidió que le hiciera llegar la pieza con Ana Navarro, una tunera amiga.

«Pero tenía reservada la gran emoción —rememora—. Fue un domingo de enero de 1980. Me avisaron por teléfono que el Jilguero estrenaría esa noche La caldosa de don Kikeen el programa Palmas y Cañas. Compré un par de botellas de ron e invité a varios amigos a compartir aquel minuto de gloria frente al televisor. Ellos pensaron que se trataba de una triquiñuela mía para que me ayudaran a cargar ladrillos. Ninguno acudió a la cita. ¡Y se lo perdieron!

«A punto de comenzar el espacio, acertó a pasar frente a mi casa el escritor Guillermo Vidal, ya fallecido. Lo puse al tanto de lo que iba a ocurrir. Y, para honor mío, me hizo compañía, junto a mi mujer y a mamá».

A partir de entonces, el número cobró inusitada celebridad. Su auge sobrevino en 1981, cuando Las Tunas organizó las actividades centrales por el 26 de Julio. La emisora Radio Victoria lo estrenó en cinta magnetofónica, en voz del locutor Rafael Urbino. Se extendió tanto que los CDR lo adoptaron como símbolo de sus festejos de barrios.

Previo a las actividades ya referidas, visitaron Las Tunas varias personalidades. Todas preguntaban: «¿Dónde podemos probar la caldosa?». El hogar de Kike y Marina devino lugar de visitas frecuentes. Y el tema y sus protagonistas se convirtieron en un suceso mediático.

La fama alcanzada por la chispeante guaracha convirtió a la pareja en emisarios caldoseros. En tales menesteres recorrían el país.

«Participé con ellos en varios recorridos, añade Rogelio, pero Kike y Marina siempre fueron más conocidos que yo. No me molesta en lo absoluto. Ocurre como con los escritores, que crean personajes y luego estos los superan.

«Hay un refrán que reza: “Nadie es profeta en su tierra”. Eso jamás funcionó con mis vecinos, porque los tuneros los adoraban.

Más allá del plato

«La caldosa se hizo tan célebre que desbordó el contexto cederista. En La Habana, algunos estudiantes la han prohijado. No como plato, sino como sinónimo de festividad. “Ayer armamos una caldosa”, dicen. Puede que la elaboraran o no. Pero a sus celebraciones las llaman así: caldosa.

«Amén de la del Jilguero, La Caldosa de don Kike tiene otras versiones. Entre ellas la del grupo colombiano Latin Brother, que la incluyó en un CD. Otra agrupación llamada Los Pinos la grabó con un sello japonés. La última que conozco la hicieron los tuneros de El Balcón. El número se ha modernizado musicalmente. Incluso, existen arreglos en tiempos de rap y de reguetón. Y hasta Aurora Basnuevo la cantó en un viaje que hizo al continente africano.

«Mis relaciones con el Jilguero de Cienfuegos eran excelentes. Kike y Marina fueron parte de mi familia. Ella todavía lo es. Kike, lamentablemente, murió el 15 de enero de 2004. Los tres, en aquellos años caldoseros y bulliciosos, constituimos un equipo artístico de mucha popularidad.

«No sé cocinar una buena caldosa. Pero siempre estoy presto a tomar mi guitarra y cantar un rato. Haremos algo en el barrio. Y si es  con caldosa, ¡mejor!».

 

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