“Nos vemos en la red”… ¿saludo o amenaza


“Nos vemos en la red”… ¿saludo o amenaza?

Por Yisell RODRIGUEZ MILÁN
Entabló comunicación con la adolescente y se le presentó como Josh Evans, de 16 años, dulce, atractivo y diestro en el toque de la guitarra y la batería. La enamoró. Tiempo después, comenzó a insultarla: “No sé si quiero seguir en contacto contigo porque he oído que no eres buena persona con tus amigos”, “gorda”, “puta”, le escribía. El 16 de octubre del 2006, publicó: “El mundo sería mejor sin ti”.
Inmediatamente después, Megan Meier, de 13 años, residente en Dardenne Prairie, Missouri, tomó un cinturón y se ahorcó. Lo narrado, excepto el suicidio, ocurrió a través del sitio web My Space.
Supe de la noticia hace poco y el hecho motivó este post, en especial porque el joven y seductor Josh Evans –como indican algunas agencias de prensa extranjeras- jamás existió, y eso revela la forma tan absurda en que nos exponemos en las redes sociales divulgando información personalísima, datos íntimos…
Como diría Yurisander Guevara, trabajador del periódico Juventud Rebelde y experto conocedor de los “trucos” en Internet: “Las redes sociales hubieran sido el escenario ideal de los grandes asesinos. Aquí pudieran escoger sus víctimas, con toda la información que necesitan”. Y yo agregaría: quizás hoy lo son.
Lo demostró el caso expuesto. Lori Drew, señora de 48 años y madre de una “amiga” ofendida de Megan, fue quien inventó la identidad del joven Josh para martirizar a la adolescente. Ella vivía cerca de la niña así que conocía de sus problemas de autoestima y constantes depresiones, trastornos por los que recibía terapia sicológica y medicación.
Debido a la falta de leyes relacionadas con crímenes virtuales y aunque Drew respondió a un juicio de acoso por Internet gracias con pronóstico de pasar tres años en prisión, al final sólo fue encontrada culpable de cargos menores por fraude informático relacionados con la violación de las reglas del sitio web.
Tina Meier, madre de Megan, declaró tras los sucesos: “Yo sé que ella no vino a mi casa y amarró el cinturón al cuello de mi hija. Pero cuando un adulto empieza a molestar a una niña de 13 años, con o sin problemas mentales, está haciendo algo absolutamente vil”.
Durante el juicio no fue posible determinar hasta qué punto la intimidación por Internet es equivalente a incitar al suicidio. Pero eso confirma que, definitivamente, Andrei Romanovich Chikatilo, “El carnicero de Rostov”; Harold Shipman, “El doctor muerte”; Charles Manson, “El manipulador”; o Jeffrey Dahmer, “El carnicero de Milwawkee”, hubieran sido asesinos felices eligiendo a sus víctimas por la red.
Es hasta irónico pensar que para elegirlas, citarlas y matarlas, desde finales del siglo XX y en pleno XXI, sólo necesitarían una computadora y…conexión.

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