Deja que yo te cuente de La Llave…


0031Nota: Tomado de Cubasí

Por Yisell Rodríguez Milán

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira y Leonel Escalona Furones

Si hay un lugar raro para entrevistar a un humorista ese es un Bufete Colectivo. A cualquiera le parecería extraño que allí donde la gente acude por complicados litigios y trámites, cansada del burocratismo y obstinada por el papeleo, trabaje uno de los más populares actores de la Cuba de hoy: Miguel Moreno Rodríguez, quien interpreta al personaje de La llave en el programa televisivo Deja que yo te cuente. Pero así es.

Rápido, seguro y con una seriedad que, por momentos, borra de su semblante toda pista de comicidad, se nos revela con sus respuestas este guantanamero de 44 años de edad que con sus “digo, si no hay dudas”, el rojo de sus ropas, bolígrafo en mano y cara y gestos de inspector extremista, atrapó a la teleaudiencia cubana desde el 2006.

Como un equilibrista lleva su vida. Alterna viajes a La Habana para grabar los capítulos del programa y entregar los guiones de la sección Dale taller, que él escribe, con la abogacía que ejerce hace más de 20 años.

También mantiene al aire desde el 2005 el programa radial Que aparezca el nombre, trasmitido por la Emisora CMKS de Guantánamo, y realiza frecuentes espectáculos con el grupo Komotú, ganador de una decena de premios y menciones en los festivales nacionales del humor.

En la misma oficina donde a diario se desempeña como abogado, bien lejos de los escenarios, conversé con él.

–        101_0799 ¿Desde cuándo le atrae la actuación?

–         Desde niño. No había empezado la escuela y ya en el barrio inventaba comedias o teatralizaba algún cuento. Tuve la aspiración de estudiar en el Instituto Superior de Arte (ISA), pero las circunstancias no me ayudaron: no me enteré cuando se realizaron los exámenes de ingreso y para colmo no fueron en Guantánamo.

Pero nunca perdí de vista la actuación: en el preuniversitario formé mi primer grupo humorístico y lo continué en la Universidad. Después de graduado y ubicado en el bufete, con algunos compañeros organicé otro: Abogarrisa se llamó.

En el 1995 comencé en Komotú, que ya tenía un año de formado. Sus miembros me enamoraron de la idea de convertirme en profesional del humor y lo conseguí en el 2006 cuando el Centro Promotor del Humor nos propuso ser parte de su membresía. Actualmente integramos el grupo Alexis Ayala que es el director, Yasnay Ricardo, y yo. Pero muy al principio, al fundarse en 1994, eran ocho actores”.

–         ¿Le sirve la abogacía en su trabajo como humorista?

–         “Sí, sobretodo para nutrirme de temas que luego se convierten en parte de mis espectáculos. Eso no quiere decir que yo tome los asuntos serios que se me confían para hacer humor, sino que aprovecho esas vivencias, el contacto con los clientes, los problemas reales de nuestra sociedad, como una fuente riquísima para crear situaciones que muevan a la risa y a la reflexión.

Pero al revés también pasa: el humor me ha servido mucho en la abogacía. El abogado necesita una preparación integral no solo como jurista sino además artística. Además, el humor me nutre de instrumentos para la comunicación que sirven para lograr empatía con mis clientes. Yo nunca me atrevería a decir un chiste en medio del estrado  pero a veces sí se me ocurre la palabra justa para relajar una situación tensa.

Aunque parecen dos asuntos diferentes y la población se pregunta cómo puedo manejarlos  a la vez, yo le aseguro que los une la seriedad y responsabilidad con lo que uno dice y hace.

Hacia la sátira social y política, el señalamiento de problemas objetivos de la sociedad cubana y el abordaje de aquello que “a veces la gente quiere decir y no lo hace por diferentes razones”, enfila Miguel Moreno la mayoría de los guiones que redacta para su grupo humorístico y Deja que yo te cuente.

La clave del éxito, llama él a esa tendencia al escribir que ya le valió, entre otros muchos reconocimientos, numerosos premios en los Aquelarre por sus monólogos (“El Trovador”,1996; “El Maestro repostero”,1997; “Esto no hay Krim lo arregle”, 2000), en sketch (“Afiches”, 1997; “El Reloj”, 2003), y con espectáculos unipersonales  (“No hay tren hacia la dicha”, 1998).

Por su parte, el programa Deja que yo te cuente, donde interviene como actor y guionista, se alzó en el Festival Nacional de Televisión 2012 con el premio al mejor programa humorístico.

–         ¿Cómo se inserta en esta propuesta audiovisual?

–         Voy como invitado en el 2006. En esa ocasión hice el guión de la sección Dale taller donde participaría. A Nelson Gudín le gustó y como él era quien único escribía para el programa me propuso que yo también lo hiciera. Acepté y con el tiempo me soltó a mi solo la sección.

–         ¿A  La llave se lo propusieron o usted inventó el personaje?

–         La llave existe desde mucho antes. Nació para un espectáculo que se hizo en Guantánamo basado en un chequeo de emulación cuyos resultados se daban en la Plaza Cultural Pedro Agustín Pérez, de la ciudad.

En ese momento no tenía la psicología que hoy muestra en la televisión: era un tipo marginal, de pasado complicado, que quería reintegrarse a la sociedad y para lograrlo se presentaba dondequiera dándose golpes en el pecho como el más cumplidor. Ahí, en esa contradicción entre lo que él había sido y lo que quería ser, estaba el chiste del asunto.

Yo propongo a La Llave en el primer Deja que yo te cuente  en que participo y me piden que lo adapte al contexto, lo convierta en trabajador de la empresa y deje de lado su marginalidad. Lo hice y el personaje creció tanto con los años que empezó como un mensajero, luego pasó a ser el clásico inspector, y llegó hasta director de la empresa.

–         ¿Por qué lo nombró así?

–         Porque buscaba que lo identificaran con un apellido que caracterizara su forma de ser y una llave se cuela en cualquier lado, abre puertas o las cierra, como el personaje.

–         ¿Y la gente qué le dice por la calle?

–         Siempre me paran y me felicitan por mis actuaciones o me comentan que en su centro de trabajo hay una persona igualita a La Llave, y ya le dicen así. Se ve su impacto, en especial en el ámbito laboral. También me proponen chistes, frases o me sugieren situaciones y temas para que escriba. Hay una retroalimentación con la teleaudiencia porque el programa lleva mucho tiempo al aire.

Para Miguel Moreno al humor lo define la inteligencia y se debe aprovechar, como lo hace Komotú,  la posibilidad que este género brinda para criticar y denunciar lo mal hecho a partir de la risa.  Ese contrapunteo entre lo que es y lo que debe ser, según él, es lo que gusta al público cubano pero para que salga con calidad el actor necesita capacidad de observación, preparación, suspicacia y talento natural.

–         ¿Considera que hay temas tabú que no trata el humor cubano?

–         La verdad es que no. Se pueden tratar todos los temas, pienso yo, teniendo siempre en cuenta las formas más adecuadas de abordarlos. Así se evita la censura, que existe en todas partes del mundo porque dondequiera es necesario tener un orden. En Deja que yo te cuente, por ejemplo, hemos tocado temas peliagudos pero siempre con responsabilidad e inteligencia.

El humorista tiene una responsabilidad muy grande porque se para en un escenario o sale en la televisión que es un medio de comunicación masivo y educativo, y lo que diga las personas lo asimilan como que es cierto aunque no lo hayan vivido.

–         Una última pregunta, ¿cómo se las arregla para ser abogado, mantener sus programas tanto en televisión como en radio y los espectáculos con el grupo Komotú?

–         Ser humorista y abogado son dos profesiones que simultáneo con desenvoltura. Los colegas del Bufete me ayudan mucho. Ellos se encargan de mis asuntos y guían a mis clientes cuando no estoy porque fui una semana o diez días a La Habana para grabar los capítulos del mes completo o estoy en una gira. Cuando regreso me incorporo al trabajo. Aquí siempre trato de dejar mis cosas planificadas, es una habilidad que he desarrollado, y la dirección del centro me apoya.

“Dulce Paripé”,  “¿Y tú de qué te ríes?”, “Fin de Semana”, “A Moverse”, “Punto G”, y “Vivir del cuento”, son otros audiovisuales en los que también ha participado Miguel Moreno, Máster en Derecho Mercantil y Financiero y miembro de la Unión Nacional de Juristas de Cuba y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, para quien hacer reír es un asunto bien serio. 

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