El dinero o la lista de espera!


tren 2Dos días en estaciones de ómnibus y trenes, intentando comprar un pasaje a cualquier provincia, hubieran sido suficientes para constatar el negocio en que han convertido muchos aprovechados la trasportación estatal en la isla.

Yo viajé por dos semanas y eso bastó para ver, y comprobar, que la reventa de pasajes, los “trucos” con las listas de espera y la aparente escasez de capacidades de reservación, no es un fenómeno sólo recurrente en La Habana sino además en otras muchas provincias del país.

De Guantánamo a La Habana en guagua, de La Habana a Camagüey en el tren de Bayamo-Manzanillo, de Camagüey a Las Tunas en camión, de Las Tunas a Santiago de Cuba otra vez en ómnibus y de Santiago de Cuba a Guantánamo en “pisicorre” (máquina particular), fueron suficientes malas experiencias como para asegurar que no son tan grandes las dificultades técnicas del transporte estatal como la corrupción que pudre a la gran mayoría de los trabajadores que atienden directamente a la población.

Cualquiera le resuelve a quien esté dispuesto a pagar por encima del precio original del vehículo y mientras tanto,yutong a aquel que desesperado espera su turno en las listas de espera, durmiendo en las terminales, con el frío de diciembre metiéndosele en los huesos y el dinero justo para costear lo que en realidad vale el pasaje, lo consume la lejana esperanza de que “pronto” se irá.

Pero “pronto” es una palabra de complicado significado cuando de listas de espera se trata. El hecho de que un tren destinado a recorrer prácticamente toda la isla y poseedor de cientos de capacidades solo llame 60 personas de las anotadas en La Habana, por ejemplo, y una o dos en Las Tunas, dice mucho del significado que adquiere en estos sitios el subjetivo “pronto”.

Los trenes salen cada tres días, lo cual implica que quien no se fue tiene dos opciones: dormir en las terminales por media semana rezando a San Lázaro y Santa Bárbara que le llegue el turno o ponerse en la lista de otro tren (aún cuando este no lo lleve hasta su destino final).

Bien se sabe que el salario de quienes laboran en las terminales es tan bajo como el de la mayoría de los trabajadores del país. Cuba es pobre, subdesarrollada. Su economía, aunque avanza desde la implementación de los Lineamientos, todavía es incapaz de solventar una necesidad tan urgente como el incremento de los salarios, pero la corrupción no es la salida…¿o sí?.

Supongo que la escasez puede transformar en relativas hasta a las verdades más obvias. Sin embargo, los centros de inspección estatal, de control, las medidas disciplinarias, la denuncia pública… tienen que servir para algo. Es insoportable, y lamentable, el espectáculo que se ve y se vive en nuestras terminales.

Por suerte, lentamente, allí donde reina la desesperación, aparecen nuevas alternativas para el viajero. He visto camiones cobrar 250 pesos desde La Habana hasta Santiago de Cuba, lo cual es casi el doble de lo que cuesta el pasaje para ese tramo en guagua y un poco más de lo que cobra el avión pero aún así, como consuelo, al menos existe la oferta.

Poco le importa al ciudadano el polvo del camino, la demora en paradas intermedias, que los choferes abarroten el vehículo con personas de pie, que apenas se pueda respirar, que peligren los maletines…porque esos camiones son una esperanza tangible.  La alternativa no estatal no compite, soluciona el problema.

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