¡Oye fílmico, cógelo todo!


2 Tomado de www.cubaperiodistas.cu

 

En enero de 1983, hace 30 años, Leonel Escalona Furones se inició como fotógrafo en el periódico Venceremos, de Guantánamo y fue seleccionado como corresponsal de guerra con destino a Angola.

Por Yisell Rodríguez Milán

Foto: Cortesía del entrevistado.

Es rápido, ágil, detallista. Quien lo ve en las coberturas no lo duda: pregunta al periodista ¿qué haremos? o ¿qué quieres?, piensa en la composición, se agacha, localiza el mejor ángulo, se para y prueba de otra forma, corre si es necesario, calcula el encuadre, vuelve y tira, sube en un muro y, a veces…, se queda quietecito, así no más, a la caza del gesto definitivo de cualquier entrevistado.

Hace unos meses supe que Leonel Escalona Furones, fotógrafo del periódico Venceremos y miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) , fue corresponsal de guerra. Su profesionalidad se forjó entre varios combates, en las aldeas africanas despojadas de vida por los tiroteos. Esa es una manera peculiar de iniciarse en la fotografía.

Cubríamos el paso de la tormenta tropical Isaac por Guantánamo cuando accedió, a regañadientes, a dialogar conmigo sobre sus días en Angola.

– No gusta hablar de eso. Me trae malos recuerdos, dijo.

El piso frío de un pasillo nos sirvió de asiento y la espera, la lluvia imparable, el mal tiempo…como pretexto para viajar a 1983, el año en que por primera vez salió fuera de Cuba. En un helicóptero militar, J – 62 M, otra vez atravesó el mar Caribe y el océano Atlántico, de nuevo pisó el suroeste de África y como hace 30 años revivió el ambiente de la unidad militar, sus compañeros, el caos de un conflicto armado.

Entonces tenía 24 años. Era graduado de Fotomecánica, una de las especialidades de la carrera de Poligrafía que estudió tres años en la Escuela Alfredo López, de Guanabacoa, en La Habana. En enero de 1983 se había presentado para ocupar una plaza de fotógrafo en el periódico Venceremos, de Guantánamo. Seis meses después, ya era corresponsal de guerra.

– ¿Cómo sucedió eso?

– Muy fácil. Un día, ese mismo mes, vi entrar a la Editora al compañero Leyva, que era jefe del Departamento de Orientación Revolucionaria, a Desiderio Parra, quien dirigía la sección de prensa, y a Miguel Ángel Borrego, funcionario que atendía en el Buró Provincial del Partido la esfera ideológica. Ellos se reunieron con Gladis López Tejón, que entonces era la directora del Venceremos.

Después de más o menos 30 minutos me llamaron y me propusieron pasar el primer Curso Nacional de Corresponsales de Guerra. Sería en la Academia General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias “Máximo Gómez Báez” y comenzaría en marzo. Yo acepté.

-¿Y cuando te informaron que marcharías a Angola, a la guerra, en qué pensaste?

– De eso sólo recuerdo que no me asusté. Pensé que era mi deber como cubano y militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Las razones de que fuera elegido, según afirma, radicaron en su juventud, su fortaleza física y su disposición. Aunque también habla de otros seleccionados de en la provincia: Valera y Marrero, periodistas.

Al iniciar marzo, los tres partieron para La Habana donde se les adiestró durante seis meses “más como a soldados que como reporteros de guerra”. Siendo así, aprendieron de tácticas militares, de disparos con puntería…y mucho más.

1– A África llegamos entre agosto y septiembre de 1983. Amanecía cuando vimos el campamento. Me ubicaron en la Asociación de tropas del sur, perteneciente a la Brigada de Desembarco y Asalto.

La unidad estaba establecida en Huambo, una provincia situada al centro – oeste del país y que era tierra natal de Jonás Savimbi, el líder de la Unión Nacional para la Liberación Total de Angola  (UNITA), que era el adversario del Movimiento de Liberación Popular de Angola (MPLA) apoyado por los cubanos. Allí, en Huambo, vi la primera  imagen que recuerdo de la guerra: unos niños y  otras personas mayores con los pies amputados. Luego vería morir más gente, lo mismo en combate que de  paludismo, enfermedades de transmisión sexual o accidentes.

– ¿Específicamente cuál era tu misión en Angola?

–  Bueno. A mí me dieron las dos cámaras: una Nikon F2 mecánica, y una Nikon E3 electrónica,  y me dijeron que reportara todo lo que estuviera relacionado con la unidad a la que fui asignado. Así lo hice.

En Cuba, su patria, Leonel había dejado dos hijas, una de meses y la otra de dos años. Fue él mismo quien le comunicó a su esposa que debía irse a la guerra. Ella, consciente de lo que eso significaba, solo atinó a ponerse las manos en la cabeza.

– ¿Alguna vez estuviste en peligro de muerte?

– En realidad no. Pero desde que uno está en medio de un conflicto así, ya siente que está en peligro. Las balas salen de dondequiera, especialmente cuando se está en trayecto de cumplir una misión.

Tampoco ayuda la inexperiencia en este tipo de situaciones. Recuerdo que un día dan la alarma de combate y yo iba a salir armado y con mi cámara pero Iznaga, un caimanerense de mi unidad, me dijo, “¿oye fílmico, y tú te vas así?”. Yo le respondí que sí, y él me dijo: “coge todo tu jolongo, por si acaso”. Y menos mal que le hice caso, porque a aquel lugar no volvimos. Esos detalles ponen la vida en riesgo.

– ¿Cuál fue la foto más difícil que tiraste?

– Quizás haya sido en Kimbala. A mí nunca se me va a olvidar cuando llegamos a ese poblado al noroeste de Luanda. Nosotros nos movíamos en helicóptero pero llegamos tarde allí. Ya la gente de la UNITA había arrasado con aquello. Lo único que vimos al aterrizar fue la ceniza de los fogones apagados,  los calderos con comida semielaborada y mucha gente muerta. Aún así era mi deber tirar las fotos.

– ¿Y alguna vez tuviste que dejar tu cámara de lado para combatir?

– Claro que sí, muchas veces. Siempre que se ponía muy mala la situación en medio de un combate, yo guardaba la cámara y disparar como cualquiera.

De la unidad militar, los entrenamientos, los combates y sus consecuencias, especialmente en los barrios de angolanos pobres conocidos como “quimbos”, tuvo Escalona que tomar instantáneas. Luego, todas las fotos fueron enviadas, reveladas o en rollos, a la sección fílmica de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la capital cubana.

En los 14 ó 15 meses que estuve en Angola hice cientos de fotos. No era fácil. Con aquellas cámaras había que emplearse a fondo porque en una fracción muy pequeña de tiempo uno tenía que pensar en la iluminación, el encuadre, el ángulo, la composición…y disparar. Ahora con los equipos digitales es más fácil. – ¿Has vuelto a ver alguna de esas instantáneas?

– Una vez, en una revista Verde olivo, vi algunas.

Escalona no era el único corresponsal de la prensa cubana en esa misión. También formaron parte de ella  ese año, según recuerda él, Sergio Luis Toca Correa, de la revista Bohemia, y de los periódicos: Rafael González, de La Demajagua (Granma), Norge Santiesteban, del 26 (Las Tunas), y Ramón Pacheco, del Girón (Matanzas).

– ¿Sientes que te aportó algo esa experiencia?

– Sí. Imagínate que esos fueron mis primeros meses «al duro» con la profesión.  Recuerda que yo comencé en enero en el Venceremos y ya en marzo fui para La Habana.

– Dicen que la guerra cambia el carácter de las personas ¿te cambió mucho a ti?

– Creo que influyó, pero no me cambió. Eso sí, me hizo más responsable, más consciente de lo que significa ser patriota, internacionalista. Pero fue triste muy desagradable. Lo único que valió la pena de esa experiencia es que después pude trasmitirle a la gente el mensaje de que si un día nos imponen una guerra hay que hacerla bien y para ganar.

– ¿Qué crees de ser corresponsal de guerra como un oficio permanente?

– Que es peligroso y el reportero debe estar dispuesto a asumir ese riesgo. También debe tener buena preparación física y militar. Los corresponsales de guerra son importantes, ellos trasmiten al mundo la realidad de un conflicto y explican de qué parte está la razón.

– ¿Cuándo regresaste de Angola?

– En octubre de 1985 llegué a Cuba. Me cogí un mes de vacaciones y volví al trabajo, en el periódico Venceremos. Aquí lo encontré todo más tranquilo. Era una diferencia tremenda con lo que había dejado atrás, en África, nada de tiros ni de peligro. La paz es lo mejor.

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