El retiro de Dayron Robles


Por Yisell RODRÍGUEZ MILÁN

Buscando qué poner en mi blog sobre el retiro de Dayron, guantanamero y estrella deportiva cuya carrera aunque no sigo de cerca sí he podido disfrutar, encontré estas líneas. Aquí las reproduzco, puesto que comparto las opiniones de su autor.

Adiós de Dayron Robles: ¿Arenas de soledad?

Escrito por  Harold Iglesias Manresa.

Tomado de Cubasí

Cada vez que mi ser se encuentra en una encrucijada deportiva metabólicamente cambio. Soy de esos que sienten el deporte, lo sudan, gritan, ríen e incluso enjugan sus ojos. Esa sensación la experimento de nuevo ahora. Por un lado henchido de orgullo acogí la designación del doble rey olímpico, Mijaín López (120 kg) como el mejor gladiador clásico del año 2012 según la Federación Internacional de Lucha. Lógico, es un ícono del deporte cubano y mundial, pero…

Precisamente otra luminaria, huésped ilustre del Olimpo deportivo por sus resultados, me asestó un mazazo enorme, y lo peor, no solo a mí, convencido estoy que a otros miles de cubanos también. La noticia del retiro del vallista Dayron Robles se esparció como tormenta de arena por medios de prensa de los cinco continentes.

Con cierta naturalidad, nada agradable para mí gusto, Jorge Luis Sánchez, el nuevo Comisionado Nacional de atletismo, sentenció a Juventud Rebelde: “el muchacho pidió la baja, intentamos persuadirlo, pero no accedió, ya no forma parte de nuestra selección”.

Mazazo señores, porque me rehúso a creer con tanta simpleza que el monarca bajo los cinco aros de Beijing 2008 (12.93 segundos a pesar de la pertinaz llovizna) y ex recordista mundial con esos 12.87 conseguidos el 12 de junio del 2008 en Ostrava, República Checa, haya decidido colgar los guantes sin más. Ya lo comentaba el avezado mentor Santiago Antúnez en nuestra última charla: “el tema de Dayron parte de una arista humana, exacerbada por una serie de desacuerdos, descontentos, desmotivaciones…” ¿Tan graves fueron que lo llevaron a renunciar a todo, con 26 años, una sólida carrera y muchos otros vellocinos por conquistar?

En lo personal, soy de esos que no tolera perder, y Dayron, como ganador que es, seguramente duerme con una espina de nombre Aries Merrit, acuñada con la punta dorada estival de Londres y plusmarca incluida de 12.80, clavada. Encima considero que no debimos dejarlo o incitarlo a “escapar”, y cuando digo debimos involucro a las autoridades deportivas, ya sean del campo y pista, del INDER, y hasta la prensa, manejar un asunto tan delicado, de una manera errónea, esto desde mi perspectiva personal, claro está.

Mazazo señores, porque vibré de emoción con cada carrera gloriosa de aquel 2008, (tuvo siete por debajo de 13 segundos), así como asumí con pesar y la frente en alto luego su descalificación en la lid universal de Daegu, ante una real violación y los manotazos que después de la sexta valla hicieron perder el ritmo a su archirival chino Liu Xiang e incluso a él mismo.

La estirpe, casta, areté y maestría salieron a relucir luego. Sendos 13.10 marcarían su éxito en Guadalajara 2011 y la clasificación a la final de la capital británica. Un segundo aire tras reiterados problemas de lesiones que truncaron su ciclo 2009-2012.

Sin embargo no impuso ese tic-tac refinado sobre los obstáculos, esa salsa característica, gracia… Un nuevo incidente, otro desgarre o ruptura de miofibrilla, o adormecimiento muscular, a estas alturas, la verdad no lo se ni determina, esta vez saliendo del quinto obstáculo, marcó el principio del fin. El desenlace todos lo conocemos. Pero jamás imaginarme que la connotación posterior alcanzaría tal magnitud.

Mazazo, incluso a la hora de enfrentarme a la redacción de estas líneas. Fui de esos con los que más conversó estando activo, en más de una oportunidad discrepé con colegas sobre su “estelaridad”. Hoy, lamentablemente, la vida, las acciones, las miserias humanas, y hasta el propio proceder de Dayron, me obligan, en cierta medida, a darle la razón.

Y no es que su retiro de las pistas opaque su estela, pero deja un sabor amargo en mi alma deportiva y un vacío inmenso a todos los cubanos que como yo, todavía tenían depositada en él un atisbo de confianza, un hálito de fe. Ahora solo quedan arenas de soledad.

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