Gossip girl: Peligrosa seducción


Con seductora visualidad, buena factura, elegantes actores y un culto al elitismo, a la banalidad y al “american way of life” que en todo rompe con los paradigmas de nuestra sociedad, la serie televisiva Chica Indiscreta (Gossip Girl en inglés) alcanza nuestros hogares los martes y jueves a partir de las 7:30 de la noche por el canal Telerebelde.

Dos veces a la semana yo, y varios millares de jóvenes cubanos, vemos desfilar por la pequeña pantalla las historias de un grupo de adolescentes multimillonarios de la Costa Este de los Estados Unidos, la zona más exclusiva de Manhattan, en el corazón de Nueva York, contadas desde un blog (página web personal) anónimo.

Es la gran ilusión capitalista puesta en pantalla, enalteciendo la avaricia, el egoísmo, el individualismo, la frivolidad, el culto a las marcas, y exhibiéndolos como credenciales de modernidad y distinción social. Sus protagonistas nada tienen que ver con el hombre nuevo defendido por el Che y la sociedad cubana: de conciencia revolucionaria, capaz de aportar al desarrollo social, internacionalista, humanista, y guiado por grandes sentimientos de amor.

Esta vez, que nadie lo dude, los personajes de turno en el horario de la teleaventura -donde además no se trasmite actualmente ninguna propuesta nacional- representan y difunden, abiertamente, los violentos matices y discriminaciones de la ideología capitalista.

Pero lo peor de este asunto no es la serie en sí, que ni siquiera en Estados Unidos alcanzó los índices de teleaudiencia pronosticados, y tampoco es el hecho de que se trasmita, porque en estos tiempos de memorias flash cualquier producto audiovisual circula vertiginosamente de una casa a otra y además el pueblo cubano tiene tanto derecho como cualquier otro a enfrentar todo tipo de producción comercial o artística que se genere en el mundo. Para eso también se le debe preparar en los diferentes niveles de enseñanza.

El peligro de este drama adolescente está en dejarse seducir por él y reproducir a ciegas su modo engañador de entender la obtención de la felicidad. Ya se dijo en el V Pleno del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, efectuado en el 2012: se necesita incentivar la capacidad crítica de la juventud sobre la oleada banalizadora proveniente de los Estados Unidos de América.

Tampoco estaría de más que quienes establecen la programación de la televisión cubana fueran más rigurosos en cuanto a la calidad de lo que se emite o acompañaran propuestas como estas (antes de empezar su transmisión) de una entrevista o material esclarecedores para la juventud.

Lo demás queda a cuenta de la población porque quien vea Gossip Girl o cualquier otra serie similar, puede discutirla y combatir así la manipulación ideológica a la que es sometido con el glamour de unos vestidos, la riqueza obtenida sin sudar y cualquier otro truco de un guión y un montaje audiovisual que busca convencernos de que la desigualdad social no solo es “normal”, sino además “lógica”.

Es obvia la manipulación: se busca vender modas y modos elitistas y capitalistas de vida y en el afán por lograrlo se endiosa el abismo entre millonarios y clase media (porque pobre-pobre ahí no hay nadie) y se diviniza la tontería, el consumismo, la insensibilidad, los antihéroes. Y nada de eso es normal o lógico.

Claro que siempre habrá algún adolescente que caiga en la trampa de preguntarse por qué en Cuba no se vive como allá y que compare la realidad de este archipiélago, subdesarrollado y bloqueado por el mayor imperio del mundo, con la de esos despreocupados millonarios que representan un ínfimo por ciento de la población de su país y del planeta. Pero ellos no se pueden quedar a solas con sus interrogantes.

La sociedad cubana debe enfrentar la guerra cultural entre el capitalismo y el socialismo, entablada a través de sus diferentes modos de entender la obtención de la felicidad, esgrimiendo los fundamentos esenciales que caracterizan nuestro sistema, este que respeta la dignidad individual de todos los ciudadanos y no sólo privilegia a una “avara minoría”, como lo definió el periodista Enrique Ubieta.

Por eso, en los espacios de discusión social de que disponemos, entiéndase escuelas, instituciones culturales relacionadas con la juventud, clubes, círculos de interés, centros de trabajo, hogares, parques, plazas universitarias… el debate alrededor de lo que se consume, sea bueno o malo, debería prevalecer.

El egoísmo, el individualismo, el “mí mismo” por encima del “con todos y para el bien de todos” no es lo que forma el socialismo y no es por tanto lo que deba reproducir una juventud que apuesta por la igualdad, el humanismo y el aporte social. Quedarse callados cuando tenemos los argumentos para contrarrestar las malas influencias, sería perder de manera lenta y absurda una batalla en la que no llegamos a mostrar las armas.

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