Para afilar el machete de Elpidio Valdés


El cartero Fogón traía la correspondencia, Volek y Lolek jugaban por todas partes, Los músicos de Bremen coreaban tonadas pegajosas, y

un lobo feroz no paraba de gritar a un conejo «me las pagarás». Mientras que Elpidio Valdés «cruzaba» machetazos contra la espada laser de Voltus V para ganar el premio de la popularidad.

Voltus V

Y que se ha de hablar del pobre coyote, el cual no se cansaba de usar la marca ACME para poder atrapar al correcaminos. Nunca lo cogía por el simple hecho de no traer sus inventos del laboratorio de Dexter.

Estas escenas colmaron el mundo infantil hace solo unos años, cuando las realizaciones nacionales quedaron en notable desventaja frente a las producciones foráneas que llegaban desde la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos.

El siglo XXI marca una dimensión diferente para la animación cubana, la cual exhibe algunos aires de desarrollo como parte del camino largo y tortuoso que es necesario recorrer para lograr el desarrollo de esta industria.

El Crepúsculo de la Tanda Infantil

 La crisis de la década de los noventa fue un duro golpe para la animación cubana, pues no existían los recursos necesarios para desarrollar esta industria.

Según expertos, durante el Período Especial ocurrió un atraso tecnológico en la rama de la informática producto a la escasez de computadoras, pero la misma sirvió para entrenar a los realizadores y productores en la disciplina.

 

Lolek y Bolek

Estas circunstancias obligaron al país a buscar en las caricaturas extranjeras la vía de escape para ofrecer una «ligera» variación en los «muñes» que se presentaban en la televisión.

Respecto a esta peculiar época que vivieron generaciones de cubanos, variados son los criterios planteados por la población.

«A mí gustaba mucho que no solo difundieran animados nacionales. Yo crecí en un ambiente de gran propaganda extranjera en este sector cinematográfico, y fue gracias a ello que aprendí a dibujar», expresó el joven realizador, de los Estudios de Animación del ICAIC, Ernesto Piña.

Entre tanto, Ernesto García Garcell, estudiante universitario, comentó que muchos cubanos crecimos viendo muñequitos rusos, los cuales algunos añoran, y otros recuerdan con desdén. Pero no debemos dejar de reconocer que los dibujos animados pertenecientes a la URSS eran completamente inofensivos, pues transmitían a los niños valores y sentimientos propios de la psicología infantil.

Sobre el tema, Luis Orlando Hernández González, joven de 20 años, refirió que al recordar a los muñequitos soviéticos que tanto le aburrían solo podía sonreír. «En aquel tiempo cualquiera se quejaba de que repetían el mismo animado día tras día, pero hoy miles de cubanos buscamos revivir aquellos momentos».

Respecto a los animados extranjeros, Ernesto Piña considera que en la actualidad se transmiten muchos, pero la mayoría vacíos de contenido educativo.

Sin embargo para el doctor Aramís Acosta Caulineau, productor de los Estudios de Animación del ICAIC, siempre es bueno transmitir caricaturas extranjeras, porque  es una forma de comparar o contrastar las técnicas de trabajo de los dibujos animados nuestros con los de otro país.

 Animados de Ayer y Hoy

 La animación en Cuba ha progresado desde el momento en que se empezaron a implementar en esta industria los nuevos avances de la computación, pero no por ello debemos creer que todo está hecho.

Gracias a la era digital este proceso se puede lograr sin demasiados problemas, pero no siempre fue de este modo. Algo que ahora es tan factible, hace décadas podía ser un proceso extenso y agotador.

En este mismo sentido, el director cinematográfico de los Estudios de Animación del ICAIC, Ernesto Padrón Blanco, en su artículo Cine de animación y las nuevas tecnologías. La experiencia cubana, afirmó que la tecnología digital tiene una comprobada rapidez, economía de recursos y calidad, y que el vertiginoso avance del audiovisual ha roto la frontera entre lo real y lo virtual.

Pese a los adelantos en la industria de animados todavía quedan obstáculos por superar. Así lo manifestó el reconocido realizador cubano Juan Padrón, en una entrevista concedida a la periodista María Matienzo.

«Lo que sucede con el conflicto de método tradicional y digitalización se debe a  que los jóvenes, como todo principiante, quieren ponerles efectos innecesarios a las películas, lo cual se debe a que los tienen gratis en la computadora. Eso no sucedía cuando los hacíamos en 35mm pues pasábamos un trabajo tremendo y era carísimo».
Así mismo, Padrón Blanco piensa que aunque hubo errores, el trabajo diario y las ganas de hacer comenzaron a dar sus primeros frutos.

Para este cineasta poder “pintar” con el mouse en la pantalla de un monitor era ya algo increíble. Y si, además, podía mover, girar, escalar y hacerle efectos a esos dibujos, la maravilla sobrepasaba cualquier capacidad de asombro.

«Aunque no se puede olvidar que antes de llegar a esta maravilla las animaciones se dibujaban en papel, con plumas, pinceles, temperas y acetatos, todo a la manera tradicional. Era un trabajo bellamente artesanal pero  extenuante, lo que demoraba mucho el proceso de animación en comparación con la actualidad», agregó Ernesto Padrón.

Juan PadrónA lo que Juan Padrón sumó, «esa es la mayor ventaja de la digitalización,  que se pueda hacer cualquier cosa sin grandes problemas».

Sin embargo, para Padrón Blanco, no porque existan las nuevas tecnologías debemos descartar las viejas, ni engañarnos en pensar que todas las soluciones aparecen gracias a los avances de la computación.

Sobre esta industria, Ernesto Piña, joven realizador del Centro de Animación del ICAIC, comentó que en la actualidad ya no hay dificultades con los implementos necesarios para trabajar, sino que las deficiencias están en el guión, el cual, hoy, es el talón de Aquiles del animado cubano.

El mismo realizador piensa que en algunos casos se nota la creación de buenas ideas. Sin embargo, estas tienen muchos problemas en su desarrollo, sobretodo cuando se  intentan construir un guión cinematográfico.

«Es verdad que la estética es lo primero que se ve cuando arranca la película, pero lo que queda es la historia contada, no los colores, ni las líneas, ni los fondos», agregó el joven realizador.

Entre tanto, el doctor Aramís Acosta planteó que el reto de estos nuevos realizadores es «proponerse la búsqueda de la originalidad y el carácter único con la impronta social. Por lo que es necesaria su formación en el terreno de las ideas y de las expresiones».

Con el propósito de posibilitar el desarrollo de las nuevas generaciones de creadores surgió el Festival Internacional de Animación para la Niñez y la Adolescencia Cubanima, el cual se ha constituido como espacio de intercambio sobre los avances de la animación en la Isla.

Pese ha intentos como estos, no todo en el mundo de la creación para niños ha sido satisfactorio. Así lo expresa el crítico de cine Gustavo Arcos al referirse al impacto social que ha tenido la presencia de los héroes dentro de los “muñes” cubanos.

«En Cuba, salvo Elpidio Valdés, no ha surgido ninguna otra figura con ese impacto, esa pegada. En las series  los personajes se repiten y los muchachos se `cansan´», alegó.

En este sentido, Ernesto Piña opina que el problema no se queda ahí, pues «lo más necesitado en la animación cubana es una mayor consideración y transmisión por parte de instituciones como la TV… Se que hay que darle espacio a otras informaciones, pero hay todo un grupo grande de esta industria que debería ser más difundido».

Para este joven realizador lo que se debería hacer es un espacio especial y permanente para darle difusión a la animación cubana, y no hacerlo en programas aislados, pues esto lo que hace es desubicar al público, el cual, en la mayoría de los casos, no tiene conocimiento sobre qué está pasando con este género en el país.

3D

El desarrollo de la animación cubana, aunque no es tan fácil de notar, es un hecho. Pues las instituciones que se dedican a la búsqueda de la mejora de esta industria han llegado hasta el punto de realizar caricaturas en 3D.

Al hablar sobre el 3D en Cuba, el cineasta Ernesto Padrón Blanco expresó que uno de los procesos más complicados de esta forma de animar es diseñar para cada personaje un sistema eficiente de “huesos” y manipuladores, el cual permite mover los personajes como títeres.

 

Según este director cinematográfico, en nuestro país existían pocos especialistas que dominaran a plenitud estos procesos claves, pues en el área de la producción de obras en 3D no existía experiencia alguna.

Meñique, primer largometraje en 3D

 

Pero aun así los realizadores de la Isla no dejan de lanzarse a ese insólito camino de la animación 3D, y de ahí que haya surgido Meñique.

Meñique, basada en la obra homónima de José Martí, es el primer largometraje en 3D que se realiza en Cuba.

Al referirse a la película, Padrón Blanco dijo que era «el reto más ambicioso de la animación del país y al mismo tiempo la mejor escuela para apropiarse definitivamente de estas nuevas tecnologías».

Según el productor de la película Meñique, Ariel Blanco, al principio solo existía un personaje en 3D, pero en el proceso del filme se decidió hacer todo el largometraje de esta manera, lo cual era un reto tecnológico enorme.

Sin embargo para Ernesto Padrón los desafíos del  filme no solo fueron tecnológicos. «El trabajo en equipo es imprescindible, pues esta es una obra donde no solo se hace arte, sino también se está fundando una especialidad técnica».

Aún así, para este director cinematográfico, a pesar de este logro, solo hemos desandado la primera etapa en el dominio de estas novedosas herramientas, pues otros países desarrollados nos llevan enorme ventaja en experiencia y recursos. Y recalca con gran emoción que lo que se  quiere es competir con ideas, con ingenio… con arte.

Modernos u osados, didácticos o humorísticos, a esta industria todavía le queda mucho camino por recorrer; pues no solo a Elpidio Valdés le corresponde ganarle a Voltus V y a los Vampiros de la Habana chuparle la sangre a Mickey Mouse, sino que todos los dibujos animados del país deben “luchar” por ser cada día un tilín mejor.

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