Otra vez, la muerte le ha jugado a América Latina una mala pasada.


Lo suponía. Su gravedad hablaba sola y, aún así, la noticia me sorprendió. Vi los primeros comentarios en el muro de Facebook, el mismo donde otras tantas veces ha sido anunciada y “confirmada” la muerte de Fidel y otras celebridades políticas. “Es otra mentira”, me dije, sin estar completamente conhugo-chavezvencida de que no fuera cierto. Después de todo, en estos tiempos los rumores suelen estar más cerca de las verdades, que de la falsedad.

El vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, informó por la cadena nacional de radio y televisión, oficialmente, su muerte. Dos años, dijo, llevaba Chávez enfrentándose al cáncer. Hizo el anuncio desde el  Hospital Militar “Carlos Arvelo”, en Caracas donde a las 4:25 de la tarde de hoy, 5 de marzo, falleciera el Comandante venezolano.

No puedo decir que este haya sido un día inusual, ni que de alguna manera yo presintiera que esto ocurriría. Pero es verdad que en las redes sociales “algo” no andaba bien: desde esta mañana la gente publicaba oraciones, mensajes solidarios, y palabras de cariño en tal cantidad como si los revolucionarios latinoamericanos se olieran la llegada del final.

Una vez conocida la noticia, los primeros presidentes del continente, el peruano Ollanta Humala, el mexicano Enrique Peña Nieto y el vicepresidente argentino, Amado Boudou, expresaron su solidaridad con los pobladores de la patria de Simón Bolivar. Humala, incluso, escribió en Twitter: “Adiós Comandante y amigo Hugo Chávez. Mis sentidas condolencias a su familia y a todo el pueblo venezolano”.

Y así, un mandatario tras otro, fueron compartiendo con Venezuela el dolor inmenso ante la pérdida  de un líder que conversó
El relevo

directamente con su pueblo a micrófono abierto, que cantó sin pena las canciones de su tierra, que reía, y decía improperios al Capitalismo, al Imperialismo…, que agitaba la constitución de su nación frente a su gente enseñándoles a llevarla siempre en el bolsillo, bien cerca del corazón.

Por eso hoy Venezuela está triste, Cuba comparte su dolor y América Latina se lamenta. Otra vez, como acostumbra, la muerte le ha jugado una mala pasada al continente.

Casualmente, esta tarde, tenía guardia obrera en el periódico. Eso me dio la oportunidad de publicar estas líneas, no solo expresivas de lo que siento sino además de lo que piensa mi madre, que no se separa del televisor desde que supo la noticia, y también de lo que le han dicho mis vecinos.

Pero, ya lo dijo Alí: Los que mueren por la vida, no merecen llamarse muertos. La Historia se encargará de demostrarlo.

 

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