En el corazón de la guerrilla


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No son muchos los pobladores de La Escondida que recuerdan con tanta nitidez, como Valeriano, las vivencias guerrilleras.

Por YISELL RODRÍGUEZ MILÁN

Fotos: Leonel ESCALONA FURONES

Oculta, entre las montañas de El Salvador, está todavía la casa de madera convertida en museo donde radicó, entre el 26 de marzo y el 3 de agosto de 1958, la primera Comandancia del Segundo Frente Oriental. Dirigido por Raúl Castro, jefe de la Columna 6 “Frank País”, ese núcleo guerrillero liberó de la dictadura neocolonial la mayor parte de las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba y Holguín, o sea, unos 12 mil kilómetros de suelo cubano.

Cerca de 40 kilómetros hay que transitar entre la ciudad de Guantánamo y la comunidad de El Aguacate, en el Consejo Popular La Escondida de Monte Ruz, pero bajo las ruedas del carro -después de unos 20 kilómetros de asfalto- un sinnúmero de piedras, baches… y lo abrupto y estrecho de la ruta alertan que la Comandancia, además de lejana, es de difícil acceso.

Valeriano Sánchez Leyva es la primera persona a quien entrevistamos. Preguntamos en la zona por algún colaborador del Ejército Rebelde y lo señalaron a él, campesino de La Escondida, de 86 años, y que se la pasa contando sus vivencias. Él sabe que hizo Historia, con mayúscula.

¿Cómo se vinculó al Ejército Rebelde?, indagamos y respondió: “Fue sin proponérmelo. Yo cuidaba la finca de Alejandrina Cabrera, cuando Pedro Soto llegó con Raúl y Efigenio Ameijeiras con la intención de ocupar la casa para hacer un campamento. Ellos me dijeron “quédate aquí”, para que fuera su mensajero si yo quería. Eran mensajes verbales, periodista, porque yo soy medio analfabeto, pero tengo buena memoria.

0010A sabiendas de que desde la Comandancia se organizaron acciones en apoyo a la Huelga General del 9 de abril, como la operación Omega, que incluyó combates en Imías, Jamaica, Caimanera, el Reparto Caribe y el Central Soledad, y la operación antiaérea, preguntamos si le habían dado alguna tarea de importancia, y nos sorprendió:

Sí, averiguar dónde estaban las 330, las ametralladoras que usaban los casquitos para atacarlos. Yo salí al camino, preguntándome cómo cumplir la misión, y entonces Efigenio y Machado Ventura me dicen ¡Eh!, ¿te acobardaste guajiro?, y respondí que no, pero que me dieran una idea para descubrir la ubicación. Por ese tiempo yo era muy joven y era lampiño, así que me disfracé de mujer por iniciativa de Efigenio.

Los soldados se metían conmigo pero yo iba sin hablar. Y ya en la tienda de La Escondida oigo a un teniente que dice: ¡Sargento, ¿ya tú le mandaste el almuerzo a los artilleros de la 330 de allá del alto de Loma blanca, y del Dos del Catalán?”, y me lo grabé. Con eso en la mente, fui directico a informarlo”

No hay que preguntarle mucho al anciano para que se desborde en anécdotas, pero todavía falta para llegar a la Comandancia y echamos a andar.

Corazón de la guerrilla

Con montañas de un lado, y farallones del otro, el paisaje muestra por qué los rebeldes eligieron la localidadfoto 4como corazón de la guerrilla. Esta es la puerta natural de entrada a Guantánamo desde Holguín, está rodeada de ríos, cercada por lomas y, aunque ahora en buena parte del trecho desde la ciudad hay carretera, hace 50 años el acceso era tan salvaje como la floresta.

Por esas características geográficas, Máximo Gómez y Antonio Maceo escogieron este mismo lugar como centro de operaciones durante la invasión y campaña a Guantánamo en la Guerra de los Diez años, y hasta el español Arsenio Martínez Campos, quien llegó a ser Capitán General de Cuba en la primera República, reconoció las ventajas de la zona para la emboscada militar. “hay posiciones que bien estudiadas pueden defenderlas 40 hombres contra 400”, dijo hace dos siglos.

0015La casa donde estaba la Comandancia es de madera, pequeña, con dos habitaciones, sala y comedor. Pertenecía a Inés María Silesia Margot, más conocida como la “viuda”, quien no simpatizaba con los revolucionarios.

Allí la joven técnica de museo, Idalmis Díaz Osoria, entre fotos de los más de 60 integrantes de la Columna 6, de las heroínas Vilma Espín, Caridad Pérez Pérez y Nena Terry, y rodeada por muebles campesinos de mediados del siglo XX, cuenta a los visitantes los orígenes del Segundo Frente Oriental.

Quienes usualmente la escuchan son niños, porque “el 9 de abril de 1983 cuando se inaugura el Museo Memorial también abre sus puertas aquí un Centro de Pioneros Exploradores”. Con capacidad para 100 estudiantes, el mismo garantiza la afluencia constante de las nuevas generaciones al sitial, aunque en estos momentos está en reparación debido al impacto del huracán Sandy en sus locales.

El museo, por el contrario, está en perfecto estado. Idalmis camina por él y dice que cuando la Columna 6 llegó al territorio encontraron esta casa vacía porque la dueña se fue de allí aterrorizada por un grupo de bandidos que se hacían pasar por miembros del Movimiento 26 de julio y cometían actos de violación y saqueaban viviendas.

Por esa causa los rebeldes apenas encontraron apoyo de los pobladores -comenta- aunque después, cuando los revolucionarios limpian la zona y con el incremento de los Comités de Campesinos Revolucionarios, la gente confía más y los ayuda”.

Aledaño a la Comandancia de El Aguacate, desde donde se expedían las órdenes y se firmaban los documentos más importantes del frente guerrillero, también dispuso una cárcel de tres pisos -que ya no existe- y una fábrica de explosivos, a un kilómetro y medio, en la zona conocida como La Juba.

La táctica de guerra de guerrillas empleada por los revolucionarios no les permitía a los casquitos acercarse a la Comandancia, aunque la fuerza aérea sí atacó fuertemente zonas cercanas como La Juba. Combates por tierra hubo en las localidades de La lima, Cupeyal y Loma Blanca, pero hasta acá no llegó el enemigo…”

Según indica el libro “Epopeya de Libertad”, de la Casa Editorial Verde Olivo, 2007, durante los meses que Raúl Castro, entonces Comandante, estuvo en El Aguacate, se organizaron las cinco compañías rebeldes del Segundo Frente Oriental.

También, en el mes de marzo, se creó el cuerpo de oficiales de la inteligencia rebelde encargado de los interrogatorios a los detenidos, de elaborar croquis y de la dirección de espionaje, y se formó una patrulla móvil.

El después…

Salimos del Museo Memorial Comandancia El Aguacate, y recorremos La Escondida de Monte Ruz. Queremos ver que tanto cambió el poblado con la Revolución en el poder, y la gente nos explica que mucho, que no se parece en nada al de 1958.

Hay quien alega incluso que si Raúl no llega con los guerrilleros a El Aguacate allí “se hubieran acabado los hombres con tantos asesinatos de los bandidos y la crueldad de los batistianos”. Otros habitantes hablan de los largos tiempos sin trabajo (excepto en épocas de zafra cafetalera) que se acabaron con la aparición de las cooperativas agropecuarias y otras formas productivas.

Ahora en La Escondida los niños no crecen analfabetos pues tienen siete escuelas en el territorio, ni mueren de enfermedades curables porque cuentan con el Caridad Pérez, que aunque el reordenamiento de los servicios de salud lo categoriza como policlínico, ellos siguen llamándole Hospital; también cuentan con una pequeña farmacia y dos consultorios médicos.

Incluso, en esa remota serranía, una mini hidroeléctrica les garantiza a todos al menos cuatro horas diarias de electricidad para disfrutar de las bondades de la Revolución energética y de la sala de video y de televisión pero, en medio del progreso que no es tanto como se quisiera pero sí notable, hay algo que no varía: el recuerdo de Comandante inquieto, de 26 años, que se internó en esas montañas convencido de que era posible constituir allí la primera Comandancia.

La gente habla del Presidente del Consejo de Estado y de Ministros de la República de Cuba como de un padre,2-raul y añora su presencia esos lares, porque saben cuánto amor le tiene a cada vivencia relacionada con la creación del Segundo Frente Oriental.

Todavía hoy, cuando habla de él, se le ve en los ojos el mismo brillo que seguro tendría cuando escribió en su Diario de Campaña en 1958: “Caminando con Fidel, por el patio de la casa, me informó que escogiera 50 hombres armados para realizar la misión que le pedí una vez. Me volví loco de contento y empecé a trabajar preparando gente. Le puse por nombre Operación Frank País, en honor al inolvidable combatiente caído”.

De la victoria desprendida de esta misión cumplida, dan fe los pobladores de El Aguacate, donde la Revolución iniciada en las montañas llegó para quedarse.

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