My first time


La primera vez, que yo recuerde, que asumí una postura política definida fue cuando me preguntaron si quería ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), organización juvenil del Partido Comunista de Cuba (PCC). Eso fue en el año 2003, una época en que a los estudiantes de 14 años, como yo, no se les andaba preguntando tanto si deseaban o no estar en la organización.

Si tú eras buen alumno y no tenías familia en el extranjero, eras el candidato perfecto para ser “vanguardia juvenil” de la Revolución. Pero no puedo mentir: a mí sí me preguntaron si quería ser militante y yo, sin consultar con mis padres ni filosofar mucho, accedí. Estaba, estoy, enamorada de la Revolución, de la paz con que se vive en Cuba, especialmente tras escuchar las historias que trajo la abuela Hermede de Estados Unidos de América, donde vive un hijo suyo.

Él prácticamente no conoce a sus vecinos, porque todos viven encerrados o trabajando full time, y a pesar de deslomarse como chofer de un camión no logra conseguir el dinero que a menudo necesita para controlar sus achaques. Mi tío se fue de Cuba por vivir la experiencia de progresar en el capitalismo: “donde hay dinero para hacer de todo, para comer de todo”, decía él. Pero no le funcionó: de su primer viaje volvió diabético, grotescamente gordo, cansado, sin tanto dinero como se pensaba.

El día que me entregaron el carnet, en la Plaza de la Avenida Che Guevara, frente a un busto del Guerrillero Heroico, conocí uno de mis mejores amigos, aunque ya casi no lo vea. Estudia hoy en la Universidad de La Habana, es homosexual y continúa militando en la UJC aún después de, hostinado por los rumores, informar públicamente sus gustos. El próximo 5 de mayo de este 2013 se cumplirán diez años del que lo conocí.

No recuerdo que dirigente provincial de turno nos dio el carnet y el beso. A duras penas, esforzándome mucho, logro traer a mi memoria los rostros de mis compañeros de aula que también estaban en el acto y, ahora que lo pienso, quizás algunos de ellos hayan abandonado la militancia. Mucho ha llovido desde que yo tenía 14 años. Pero yo no me arrepiento de la decisión que tomé cuando dije sí, en mi escuelita, con 14 años de edad.

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