Manifiesto del Cheo


Esta semana, hurgando en viejos archivos digitales para ver que valía la pena traer a La Habana (gustazo privilegiado que alcanzarían sólo algunos de mis word), encontré el  Manifiesto de los Cheos. Su estilo, no  sé porqué, me huele a teclazo de Alejandro o Mandy.

A quienes no están familiarizados con el tema de la cheura les cuento que se trata de una proclama emitida por los organizadores de cierta Fiesta del Cheo,  con carácter anual, que a lágrima viva era organizada por algunos estudiantes de Historia del Arte, y a veces algún que otro de Periodismo y Comunicación Social, en la Universidad de Oriente.

La gente, más que chea, siempre iba feísima, y se artillaba con los primeros trapos que encontrara en el armario de sus abuelos o padres… Claro que siempre había quien olvidaba llevar sus atuendos y se aparecía en el local de la fiesta, si era hombre, con femeninos shorcitos y blusitas apretadas, y si era mujer, con moños estrafalarios y pinta de locas o prostitutas. El lío era verse más extraño que de costumbre, y mira que por los pasillos de esa universidad se veían fenómenos.

Aquí les dejo el Manifiesto y la promesa de algunas fotos, que pondré después porque esas sí que no clasificaron para el viajeteo.

Manifiesto del Cheo

Somos cheos, sí, cheísimos, pero no a la manera de David Calzado y su banda de sulacranes con gafas; ni cheos como los programas de Gloria Torres, que le rompen el coco a cualquiera. No somos cheos por inapropiados: por hablar de sexo en la iglesia y de liturgia en la cama; o porque veamos en nuestra suerte la suerte del fracasado, que se tiró en el pajar y se encajó la aguja en el ojo.

Somos cheos como los espejuelos de Woody Allen, como la peluca estúpida de Newton, como el taje afeminado de Napoleón, como cada frase genial del ridículo de Einstein.

Somos cheos porque nos bañamos cuando nos da la gana, y todo el mundo sabe que casi nunca tenemos ganas de nada. Porque tenemos ropa entera en la taquilla, y nos aferramos siempre al pantalón más andrajoso, o al pulóver Toilet (Cualquier asociación con el Paqui o Antonio es pura coincidencia).

Somos cheos porque andamos por Santiago con la vista en las columnas, discutiendo del Dórico y el Corintio, o del deporte nacional de Suecia: no darle el premio Nóbel a Jorge Luis Borges, y de paso tropezando con cuanto tareco, poste o latón de basura se nos meta en el camino.

Somos cheos porque tenemos un sentido del humor que le ronca los cartones, porque aún en las heces vemos helado de chocolate – algunos lo ven de fresa, pero bueno… helado al fin-

Porque en nuestro mundo no hay geishas ni cortesanas, ni casanovas, ni Safos, ni Lezamas, no hay imbéciles ni genios, ni patricios ni plebeyos. Somos cheos y nos amalgama el fin concreto de pasarla bien dondequiera.

Cheos porque morimos en masas, por tres causas fundamentales:

-Intoxicación por café, nicotina, alcohol y habladera de porquerías en la Isabelica.

Intoxicación por música, nicotina, alcohol y habladera de porquerías en el gusanito.

-E intoxicación por aburrimiento cuando no hay música ni café ni cigarros ni alcohol, ni habladera de porquerías en la Isabelica o el Gusanito.

Somos cheos porque sabemos que el más trascendental de los problemas se resuelve simplemente acostándonos bocarriba.

Porque sabemos que no importan el pelo y la gorra, sino aquellas ideas que trame tu cerebro; que no importa el color de la camisa sino lo que haya de sincero en tu pecho; que no importa la marca de los zapatos sino el rumbo que lleven tus pies; que no importa el largo del pantalón sino el largo de… bueno, quizás si importe un poco el pantalón.

Somos cheos porque generalmente desechamos la forma y respiramos el contenido: la esencia del ser humano inconforme. Porque sabemos que la cheura pasa, no así la mediocridad y el inmovilismo. Porque sabemos que el miedo paraliza, y nos lanzamos sin paracaídas detrás de cualquier destello interesante (por eso mismo nos estrellamos tanto) Porque vamos subiendo de escalón en escalón sin temor a que se acabe la escalera.

Somos cheos porque nos gusta estar al lado del camino, atormentados de sentido, viviendo los delirios de la vida moderna… – con el perdón de Fito-

No se escriba la Historia de esta Universidad sin hablar de aquellos- o sea nosotros- que cada año se vestían de gente torpe  y celebraban la Fiesta del Cheo, como auténtico homenaje a nuestro derecho de ser y pensar diferentes.

Y ahora, para comenzar tan cheos como una reunión pasada de moda, pido para este texto un simple aplauso deportivo.

 

 

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