Reportaje al pie de una cuna


IMG_0500Por Yisell RODRÍGUEZ MILAN

Fotos: Leonel ESCALONA F. y Lorenzo CRESPO S.

 

Apenas habían pasado los tres primeros meses del año pasado y ya andaba yo  enfrentándome desde el trabajo reporteril a los dolores de las madres que tienen o tuvieron hijos a punto de morir. Ese fue el caso de Kevin, un niño sietemesino que se vio al borde la muerte y a cuyos padres entrevisté tras su “milagrosa” recuperación.

Se preguntarán por qué, si eso fue hace tanto tiempo, hoy lo traigo al blog. Les respondo: porque al ver al nuevo miembro de mi familia sonreír sonrosado desde una cuna para recién nacidos recordé la condición tísica de Kevin al salir del vientre materno y la proeza médica que lo salvó, porque por aquellos tiempos tenía esta paginita abandonada y el caso merecía publicarse lo cual no hice, y porque en contra de todo pronóstico de viejos y médicos Kevin llegó a su primer año de vida en diciembre del año pasado y yo ni siquiera me acordé…

No lo veo desde que hice mi reportaje al pie de su cuna, hace ya muchos meses. Tampoco sé si ha crecido mucho pues cuando lo vi no rebasaba su largo el de un brazo. Pero me han dicho que anda bien, y que camina, y goza como cualquier otro niño cubano.  Les cuento su historia.

Se llama Kevin Daniel Machuca Bell, debió nacer en marzo del 2012 pero lo hizo en diciembre del 2011. Se suponía que demoraría nueve meses en la barriga de su madre y salió a los siete. Para ser saludable debía pesar, según su estado gestacional, mil gramos o más, sin embargo pesó 950.salud_kevin_ahora_3024288

Con sus 36 centímetros de estatura (en vez de 48 o 52 que es lo normal), Kevin retó al equipo médico de la sala de Neonatología del Hospital General Agostihno Neto a una pelea por su supervivencia.

Rolando Machuca Fernández, su joven padre, contaba que el primero de diciembre el doctor del consultorio médico de la familia le detectó a su esposa Dariuska los síntomas de una preeclancia o toxemia, forma de la hipertensión arterial desarrollada en el embarazo y cuyas complicaciones conllevan a la cesárea.

Forzado por esas circunstancias, 14 días después, a las 10 y 50 de la mañana, apenas tras 28 semanas en el vientre de su madre, el niño nació.

“Desde el primer trimestre sabíamos que nuestro bebé tenía crecimiento intrauterino retardado. Su peso no estaba en correspondencia con su edad gestacional. Los médicos nos advirtieron que fotos 043eso complicaría el nacimiento”, me dijo.

Y así fue. Kevin, recién nacido, fue reportado un “caso crítico” y lo trasladaron en una cuna térmica al cubículo de cuidados progresivos de bajo peso. Detrás de las enfermeras corrían el padre y una de las tías.

“Tenía los pies del tamaño de una llave”, comentó el padre en un arranque de tristeza.

Dariuska Bell Planche, la madre, no pudo verlo sino hasta tres días después del parto. Cuando lo hizo, según cuenta todavía, una imagen le travesó el corazón: su bebé tenía los brazos y piernas muy delgados, la cabeza grande con respecto al cuerpo, y la piel finísima y arrugada, signos que denotaban la debilidad física del pequeño a quien se mantuvo en una incubadora durante un mes.

“Nació tan débil que los médicos informaban su pronóstico como reservado. Quizás ni sobreviviera. Sus pulmones no habían madurado lo suficiente y se le dificultaba respirar, para colmo un día bajó hasta 880 gramos. Fueron muchas sus gravedades”, explica la mamá mientras descubre, para probar lo dicho, la libreta donde anotó los pormenores del nacimiento de su primogénito.

“Kevin presentó una cardiopatía que trataron con urgencia, necesitó dos transfusiones de sangre y no fue hasta los 45 días que pude darle leche de mis pechos, aunque él prefiere el biberón al que se acostumbró allí”, puntualiza la joven de 24 años de edad.

La doctora Norma Baglan Bobadilla, jefa del Grupo provincial de neonatología y lactancia materna, explica que casi siempre los bebés “pretérmino”, o sea, por debajo de los mil gramos, presentan complicaciones y riesgos de infecciones, razones por las cuales se toman en cuenta tres factores imprescindibles tanto en el hospital como en el hogar: alimentación, higiene y cariño.

03-07-12_1434Solo así, argumenta, es posible que el pequeño recupere un peso cercano a los diez kilos normales antes del primer año de edad, lo cual lo alejará de la desnutrición. En tanto la asistencia a las consultas de seguimiento de neurodesarrollo y oftalmología, por otro lado, detectarán cualquier síntoma en contra de su atípica salud.

Con respecto al recién nacido, Baglan revela que sobrepasó la enfermedad de la Membrana Hialina, dificultad respiratoria usual en los prematuros porque les falta el sulfatante pulmonar que abre los alvéolos. Por eso permaneció 15 días entubado.

En ese período se compensaron las deficiencias de su respiración, se le reguló la temperatura corporal y se garantizó la oxigenación de sus tejidos y cerebro, problemas asociados a la inmadurez de sus órganos vitales. Luego, comenzó a evolucionar.

Al fin, el 12 de marzo del 2012, cuando lo entrevisté, a Kevin Daniel y a su madre les dieron de alta de la sala de Neonatología. Ya pesaba los dos mil 500 gramos con los que debió nacer a los nueve meses y solo restaban dos días para que cumpliera sus tres meses de vida.

Entonces medía 47, ya no era tratado como cardiópata y sus padres, hasta hoy, agradecen al perseverante equipo médico que le devolvió a su bebé esa vida que al comenzar ya creían perdida.

Historias como esta a menudo salen en las páginas de nuestros periódicos. La salud y el rol de los buenos médicos son lugares comunes de nuestra prensa. A veces, muchas veces, la gente se cansa de leer estas historias pero yo no imagino un periodismo socialista que no exalte los milagros humanos que devuelven el aliento al pobre hombre de a pie, ese que se estruja entre problemas cotidianos pero que cuando ve a quienes quiere al borde de la muerte reza a Dios, a los Orichas y al Estado cubano para que le devuelva la salud. Y casi siempre, uno de ellos, responde a sus plegarias. ¿Sabe usted cuál?…

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