Los indios de La Caridad


Cacique Panchito y su esposaPor Yisell Rodríguez Milán

Fotos: Yaniuska Pérez Verdecia

Dicen en Guantánamo que cuando usted ve un hombre, o una mujer, de cabello negro y muy lacio, cara ancha, nariz aguileña, pómulos abultados, ojos rasgados, piel cobriza y baja estatura, puede estar en presencia de un indio de La Caridad. Exótica pero casi siempre cierta, esa certeza navega de una boca a otra, hasta que uno se topa con alguien así y entre preguntas termina confirmándola.

Alejado  de  la  civilización  y  rodeado  por  lomas,  La Caridad de los indios es un intrincado Consejo Popular del municipio de Manuel Tames. En una de sus comunidades llamada La Ranchería, que es rara y antigua como pocas en Cuba, habitan algunos de los últimos descendientes de aborígenes taínos en el archipiélago. La mayoría de ellos se apellida Ramírez o Rojas.

El Rojas, proviene de Manuel Rojas, sobrino del conquistador Diego Velásquez, propietario de todas las tierras del noroeste de Oriente y de los pobladores que las habitaban, y el Ramírez tiene su 3raíz en Miguel Ramírez,  quien fuera obispo  de  Santiago  de  Cuba  en  1528  y el  primero  en  realizar bautizos  masivos  entre  los  indígenas de la zona.

Así se informa en Aborígenes en La Ranchería, ¿mito o realidad?, una tesis de licenciatura en periodismo realizada en el 2011 con el fin de rescatar la memoria histórica de la comunidad y validar el hecho de que los aborígenes en Cuba no están completamente extintos.    

En ese texto se cuenta que, entre las 11 familias fundadoras del caserío, los Rojas y los Ramírez unieron su sangre y hoy son más de 2000 sus descendientes dispersos por Guantánamo. Claro, con la pérdida de la costumbre de casarse entre primos ya muchos perdieron el apellido original.

Los nietos, bisnietos y tataranietos de los taínos no hablan una lengua extraña, andan en taparrabos, o viven entre los árboles. De hecho, aunque físicamente se parecen a sus antecesores y mantienen sus tradiciones, en La Ranchería hay televisores, teléfono, escuela, consultorio, joven club de computación, varias unidades  de comercio y gastronomía, panadería, dulcería… Lo que no hay son calles y -a falta de asfalto y guaguas- sólo se llega hasta allí a pie o en caballo.

José Sánchez Guerra, historiador de la ciudad de Guantánamo, ha confirmado varias veces a la prensa local que el mayor grupo de descendientes de la provincia se encuentra en esa zona de Manuel Tames, aun cuando antes estuvieran asentados en las cercanías de los ríos Yateras y San Andrés  de donde las familias fueron desplazadas por los colonos españoles y franceses.

Quienes han visitado el lugar explican que una parte de los actuales descendientes de aborígenes conservan fuertes tradiciones de sus antepasados: no es usual, por ejemplo, escucharlos decir casa sino bohío,  siembran en conucos, consumen platos típicos como el casabe, el calalú (compuesto con toda clase de hojas), el pinol (maíz seco tostado con azúcar o miel), y otros alimentos de maíz.

En sus hogares usan  utensilios domésticos de procedencia taína y entre ellos las jícaras (vasijas hechas a partir del fruto de la güira, previamente vaciado y secado al sol) y las púas (especies de aguijón confeccionado de una rama de árbol aguzada en un extremo, y empleado antes y ahora para hincar algunos alimentos, y asarlos al fuego directamente).

1También mantienen bailes  y  cantos  tradicionales, no descartan los medicamentos modernos pero en la cotidianidad usan la medicina verde y los  remedios  caseros, reproducen enseñanzas y moralejas heredados, adoran deidades indígenas como el Sol, la Luna, la Lluvia, las Estrellas, la madre Tierra y creen en dioses católicos y también afrocubanos.

Uno de los personajes más carismáticos de La Ranchería siempre fue el cacique Panchito. Se llamaba Francisco Ramírez Rojas y, paradójicamente, además de jefe indio era presidente local del Comité de Defensa de la Revolución (CDR).

Un día, cuando le preguntaron qué significaba para él su caserío respondió: “La comunidad lo significa todo, si toda la comunidad de Cuba fuera como ésta el gobierno no tuviera ningún rompecabeza, porque aquí yo no permito que se robe ni se pierda nada, todo el mundo se respeta y vive en familia”.

Y en otra ocasión, ante la insistencia de los periodistas sobre cómo era posible que con tantos siglos pasados desde la época de los aborígenes todavía existieran descendientes suyos, con esa filosofía tan antigua como su linaje él respondió:

– “Tu siembras una mata, esa mata se seca, pero deja semillas que germinan, por el eso el indio no se acaba”.

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