El escrito y el contraescrito


Una de las peculiaridades de Internet es la interactividad, una interactividad a la que temen en especial quienes trabajan para medios tradicionales (y unidireccionales) y no están acostumbrados  a que los lectores rebatan, critiquen, aprueben, y desaprueben la opinión o redacción periodística. Pero los tiempos cambian. Crearse un blog, por ejemplo, es una buena fórmula para desempolvarse de viejas prácticas… aunque uno se incomode con algunos comentarios y con otros se sonroje. Si pudiera, a casi todos mis colegas de la radio, la tv y los medios impresos les sugeriría que se crearan uno… , solo para que sintieran en carne propia -como diría un viejo maestro reportero allá en Guantánamo- cuánto pesan los absolutismos, lo cual no quiere decir que no se pueda criticar.

No sé si tarde, pero esto es lo que ha motivado mi escrito, por si alguien se pregunta qué viene la blogura de esta chic@.

RESPUESTA DE LUIS SILVA AL ARTICULO «VIVIR DEL CUENTO O EL CUENTO PARA VIVIR» (al final del texto de Silva está el texto periodístico)

Luis Silva (Pánfilo) – 28 Septiembre 2013 04:32:46 .76

Amigos, he leído este artículo y realmente, como uno de los responsables o protagonista de cada emisión de Vivir del cuento, no quería quedarme sin dar mi humilde parecer. Niurka, está muy bien todo lo que usted plantea.

Cuánto placer que nuestro programa se vea envuelto en polémicas. Pero (ahora viene el pero) no creo que la palabra ´BURLA´ fuera la más adecuada para tratar un programa que cuenta con un 97 % de gusto.

Esa cifra es increíble. Significa que de los millones de cubanos que nos ven, casi el 100 % disfruta y se complace con el programa. Claro, hay un 3 % al que no le entramos ?ni alante ni atrás?, ¿qué le vamos a hacer a eso? Ojalá usted no esté en ese subconjunto, matemáticamente hablando.

El exigente colectivo de Vivir del cuento solo ha hecho una cosa, trabajar, trabajar, trabajar y plasmar la realidad de Cuba, de nosotros mismos, haciendo reír, yo diría bastante. Realidad que tanto piden los propios televidentes, y prácticamente ningún programa toca. Porque hasta a las telenovelas les cuesta trabajo reflejar nuestras costumbres, como quisiéramos los espectadores.

Si esa realidad a usted y a su círculo de amigos (los que dicen que es una burla) no les agrada, entonces, Niurka, su crítica la dirigió a la diana equivocada.

Que nos caiga encima toda la maldad de este mundo, si algún día hemos dicho una falsedad en Vivir del cuento. Nosotros estudiamos cada frase que vamos a decir, analizamos cada tema que vamos a tocar. Estudiamos a quién puede o no herir. Pero amiga Niurka, de que un abuelito se alegre de tener úlcera para coger dieta de leche, tiene toda la razón, es durísimo.

Pero le puedo asegurar que no es ficción. ¿Le duele verdad? A mí también. Entonces, querida amiga (ya me siento amigo suyo sin conocernos), le repito, la crítica que usted ha hecho, no puede ir dirigida al programa que toca los problemas que a usted no le gustaría vivir cuando tenga esa bella edad. En otras palabras: a usted no le gusta que haya delincuentes que arrebaten cadenas a muchachitas en la calle, y por eso mañana le va a hacer una crítica igual que esta, a Tras la huella.

Porque puso a un sujeto haciendo eso, y para usted es una BURLA a las muchachitas que han sufrido y han sido víctimas de estos detestables seres. ¿Más o menos es así lo que quiso decir? Usted menciona a los ancianos con enfermedades que exigen cuidados, menciona a los ancianos encamados, y se ve feo que le diga esto a continuación, pero ya perdí la cuenta de las casas a las que me han pedido que vaya, personas que no conozco, y que con mucho gusto y satisfacción he ido, para que su abuelito o abuelita en cama, casi con una enfermedad terminal, vea a Pánfilo (lo mismo de joven que de viejo, porque en las dos facetas me he presentado) por el sencillo motivo de que adoran al personaje.

No a Luis Silva, a mí no. A mí me adora mi familia y dos o tres personas más. Pero a Pánfilo lo quiere mucha gente y a Chequera, y a Facundo, y a Indirita. Y con el dolor de mi alma, tratando que no se me salga ni una lágrima, he hecho reír a abuelitos con cáncer, otros con enfermedades de todo tipo, personas con disímiles problemas.

Yo la entiendo, Niurka. Quizás la crítica la quería dirigir a otra instancia, a otro organismo, a otros individuos, no sé, a los que tienen que buscar soluciones; y no te atreviste. Era más fácil criticar a Vivir del cuento. Y te está escribiendo, el mayor crítico del programa. Mientras toda Cuba se está riendo el lunes a las 8:30, yo estoy sufriendo cada defecto del mismo, un chiste mal hecho, un gesto mío que se me escapó juvenil, una música que no encajaba, en fin, me pongo insoportable viendo el programa. Pero hay una cosa que no podemos olvidar: el humor no está para dar soluciones a los problemas, está para plantearlos y ponerlos a la luz pública.

Y ahí sí le digo una cosa, estimada Niurka: cuando no tengamos ni un solo problema en nuestra sociedad (zzzz, zzzzzzzzzz, vamos a soñar un poquito), usted y yo, los dos junticos, vamos a telefonear, o mejor no, nos llegamos en persona al departamento de programación del Instituto Cubano de Radio y Televisión para solicitar que no pongan ni un capítulo más de Vivir del cuento.

Mis disculpas a todos, si a alguien molestaron mis palabras. Ojalá no se me haya ido la mano. Por cierto, ahora mismo estoy regresando de una actividad donde hice de Pánfilo, para todos los abuelitos del Convento de Belén. ¡Qué manera de gozar esos ancianos! ¡Qué energía tienen! Y cambiando de tema: ¿por fin qué, con las cartas de los carros?

Luis Silva.

PD: Ah, la invito a escribir un guión para Vivir del cuento. El tema lo escoge usted. Le prometo que lo grabaremos y que será un exitazo.

Vivir del cuento o el cuento para vivir

Fuente: CUBARTE

Para nadie es un secreto que cada día la población entre las edades de 60 y 75 años aumenta en nuestro país y, según los estudios de los especialistas, Cuba ocupa el sexto lugar en la lista de naciones con elevado índice de envejecimiento. Hasta los niños ya saben que dentro de algunos años va a haber más “abuelitos” que niños para jugar y no dudo que haya alguno que no entienda el porqué de la gran aceptación de un programa cuyos protagonistas sean dos viejitos y que las cosas que hacen y dicen sean motivo de risa.

Es por eso que pensé mucho para escribir este artículo pues Vivir del cuento es el programa que encabeza el hit parade de la TV cubana, y decir cualquier palabra que empañe la buena acogida del espacio puede ser no entendida. No importa, al final para gustos se han hecho los colores…

Me apuro en aclarar que no pretendo ser aguafiestas de nada y mucho menos de una cita humorística tan bien lograda tras un intenso y loable trabajo del equipo del programa. Sus emisiones, unas más que otras, han ganado aceptación entre los cubanos quienes cada lunes se aprestan a estar listos justo después del Noticiero Nacional de Televisión (NTV) —por el canal Cubavisión—, para ver el nuevo rollo en que Chequera mete a Pánfilo. Y qué decir de los cubanos lejos de Cuba, el sitio digital You Tube contempla buena cantidad de programas como para garantizar que nadie se lo pierda y se conserve.

Dos actores caracterizados como viejitos nos hacen pasar media hora entretenida con cuestiones nada bobas ni superficiales. Tras los personajes tan bien concebidos de Pánfilo y Chequera hay un texto excelente que expone parte de las vicisitudes de la existencia cotidiana que gira alrededor de ellos. En medio de la cordura de uno y la ingenuidad del otro sobrellevan la vida. Es interesante la manera jocosa con que han sido tratados los achaques, las pensiones, las limitaciones y carencias, las diferencias sociales, la “lucha” y  hasta la muerte en cada una de sus salidas al aire. Es un verdadero reto escribir guiones semanales en los que “las cosas de viejos” sean tan cuidadosamente tratadas y sutilmente criticadas si el objetivo es hacer reír a una teleaudiencia y, dentro de ella, a los propios ancianos.

Pero el caso es que en conversaciones con amigos no todos dan el visto bueno al programa; lo ven como una burla a sus necesidades y a la forma de vida de la cual no se va a escapar nadie. Y es que todos no son Pánfilo y Chequera, y estoy segura que el anciano que se ríe es porque se ve reflejado en las situaciones de los personajes y eso es motivo de risa; pero el vivir solo, con una casa en mal estado, pendiente de lo que viene por la libreta y que no sane una úlcera para poder tener leche de dieta no siempre garantiza una sonrisa, ni mucho menos una risotada. Cabe entonces repetir eso que se dice de que la realidad siempre va a ser mucho más rica y desgraciadamente, ya es bastante la carga de llegar a viejo —o mejor— de saber llegar a viejo con la  mejor medicina: buen ánimo, optimismo y mente positiva.

Pongámonos en el lugar de los ancianos con enfermedades que exigen cuidado, los ancianos encamados, los que se aferran al trabajo por ayudar con la economía de la casa y los que con el dinero que manda el hijo o los hijos “de afuera” —si es que lo mandan—  tratan de comprar manos y compañía… así estamos viviendo y no nos queda otra. Mas no puedo negar que cuando me siento a ver Vivir del cuento me río con cierta pena; prefiero pensar que las cosas serán diferentes cuando entre en la tercera edad. Para ese entonces, ¿seguiremos riéndonos de nuestras tragedias? No lo dudo, mas no quisiera que los mismos problemas de Pánfilo y Chequera me hagan reír por muy bueno que sea para la salud.

Es por eso que disfruto más la idea de que el programa me aporte un cuento para seguir viviendo en medio de tantas dificultades, pues aunque las soluciones no están al doblar de la esquina la avalancha de envejecimiento está asomada. Por supuesto que no está  dicho todo, cualquier colega puede venir con otra historia, ¡otra historia!

 

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