Lino Tomasen: ¿Un brujo, un médico o un hombre con un don?


Por Lisandra Leyé del Toro

https://lentedaumento.files.wordpress.com/2014/03/2ce76-20110705.jpgCuando llegué a ese lugar una sensación rara recorrió mi cuerpo. Quedé estupefacta al ver la cantidad de personas que acudían a la casa de aquel hombre a quien consideraban como su «salvación» o «la única opción» posible porque a muchos de los presentes en aquella casa antigua de largo pasillo los médicos les habían pronosticado la muerte o una enfermedad de por vida.

Yo estaba hablando con Antonio Ernesto Fernández, una de las personas que trabaja con él, y cuando estaba terminando de contarme su historia que se parecía más al Infierno de Dante que a la vida real, entró Lino Bárbaro Tomasen –el protagonista de esta historia- rodeado por mucha gente que lo conoce como «uno de los mejores curanderos de Cuba» y a quien, según él mismo, Fidel Castro llama «el salvaje» porque curó a varios de sus hijos.

Tenía pensado, después de esforzarme tanto para poder verlo, hacerle varias preguntas. Iba preparada, incluso, para una entrevista inusual porque mientras yo hablara él no iba a dejar de atender a sus «pacientes», pero todo resultó más difícil de lo que preví.

Primero inquirí por sus ancestros, pretendía saber si había adquirido de alguien esa habilidad para curar, y rápido me contestó que «de nadie, yo soy único en el mundo».

Había escuchado que él estudió y se graduó de la carrera de Medicina así que pregunté cuánto le ayudaba ese conocimiento científico a la hora de ayudar a aquellas «almas desahuciadas» (así las llama él) y, casi sin dejarme terminar de hablar, respondió tajante: «estudié medicina para que no me dijeran pata´e puerco, pero no me hacía falta». Lo que sería sinónimo de mata gente, una frase muy conocida en Cuba, sobre todo en los tiempos de antes para nombrar a las personas que se dedicaban a curar, pero que no eran médicos de profesión.

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Incluso me aseguró que sus habilidades predominaban por encima de los conocimientos que tenía de sus estudios y me señaló a un señor de 70 años, según el cual Lino lo rescató de un ataúd curándolo, arrebatándoselo a la muerte.

Le pregunté si cobraba ahora y cuánto. Dijo, como lo más del mundo, que 20 pesos en moneda nacional a los cubanos, y 20 en moneda convertible para los extranjeros.

Cómo había visto videos de él en Internet y siempre usaba su tabaco, inquirí s uso y comentó que era para «limpiar el aura» de los enfermos y «espantar las cosas malas».

─ ¿Y no tiene miedo de perder el don?, me atreví a decir.

─ «Yo no tengo miedo a nada, ni a un cocodrilo, ni a un león, todas las enfermedades estas es peor que fajarse con un cocodrilo. Esto un don. Nació conmigo», presumió.

La historia de su hijo es una de las que más atesora. Cuenta él había tenido una visión de que el bebé se iba a morir al nacer y se lo dijo a los médicos pero no fue escuchado y el niño nació muerto, tras haber sido sometida la madre a una cesárea.

«Tuvo sufrimiento fetal», narra Lino, quien además agrega orgulloso que en pleno salón lo revivió aunque eso le dejó al pequeño como secuelas como estrabismo y problemas en la locomoción.

Casos como este parecen inverosímiles para quienes no creen en nada, pero por el contrario para el pueblo de seguidores que tiene Lino a diario en el pasillo de su casa él es como un Dios de muchos, en la tierra.

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