Los fantasmas de la ropa de Ecuador


Nota: Este reportaje, publicado por Cubahora, viene a dar continuidad a un tema que empecé hace unos días.

Por Andrés Yunior Gómez Quevedo

Después de aprobadas y puestas en ejecución las resoluciones concernientes a los Ministerios de Finanzas y Precios, así como el de Trabajo y Seguridad Social en las que se prohibía la venta de ropa, calzado y bisutería que eran importados, se desnudaron las calles, callejones, portales y corredores que exhibían las perchas, y hasta algunas Boutiques realmente sorprendentes, todos pertenecientes al sector cuentapropista.

Sin embargo quedaron las piezas compradas y que son exhibidas a diario en cada calle del país. Estas ventas implantaron un sello que aún hoy es debate y controversia pues una vez más caemos en el dilema de la existencia de algo que a unos resuelve, y que a otros provoca. 

La ropa traída de México, Panamá, Perú, España e Italia, se ganó la etiqueta de “ropa de Ecuador” por ser este el país con más fluidez en el negocio, por la demanda a raíz de los precios, pues a pesar de no llegar a ser realmente módicos, dentro del gremio sí eran los más asequibles. Alguien frente a mí en una ocasión le llamó “ropa de EcuaDior”, lo cual me resultó jocoso y certero (cinismo aparte), pues a pesar de la controversial calidad de estas prendas de vestir, eran vendidas lo mismo en Boutiques improvisadas que en perchas callejeras.

Estas ropas ostentan de brillos, colores exaltados, enormes carteles y dibujos hasta en relieve, falsas etiquetas de marcas reconocidas al punto de lo ridículo, pues en una misma pieza puedes encontrar el logo de Adidas mezclado con el de Dolce & Gabbana, Lacoste y Armani, como si entre todas esas marcas hubiesen hecho un consorcio o un featuring. Para muchos este tipo de ropa es el non plus ultra de lo kitsch llevado a prêt-a-porter, y para otros muchos, es la solución ideal.

Mariano García, quien tiene residencia en Ecuador, solía traer grandes cantidades de ropa de este tipo para surtir su percha o negocio de ropas antes de que se derogara la ley que le permitía ejercer como tal a su esposa, encargada del negocio en Cuba. Al respecto me comentó: “En Ecuador este tipo de ropa casi nadie la usa, es muy barata porque son casi copias de otras marcas, además te las venden a montones por precios bajos, así que aprovechábamos para traerla aquí y venderla, pues al final resuelve la necesidad que tiene el pueblo de conseguir ropa con mejor calidad que la que se ofrece en las tiendas por cuc, y un poco más baratas que las de las boutiques estatales, donde sí aparece ropa de mejor calidad, pero como sabemos demasiado cara.”

Su esposa apuntó: “Es verdad que hay algunas que no son tan lindas, pero hay vestidos y pantalones que sí se ven muy bien, y tenían bastante salida, además, para trabajar la mayoría de la gente no se pone lo mejor, ni se compra ropa más espléndida, sino más bien el cubano busca algo sobre lo sencillo, y hay muchas blusas y camisetas que son las ideales para eso por lo frescas que son.”

José Raúl Acosta, licenciado en Comunicación Social, opina: “Pienso que estas ropas comenzaron a comercializarse en Cuba a partir del flujo migratorio y los beneficios otorgados por Ecuador para que los cubanos viajaran. Sobre la compra de las ropas influye mucho el papel de los compradores-vendedores y sus gustos, y en esa cadena el costo también es otra variable importante porque se trata de comprar ropas a precios muy bajos que después se puedan comercializar en Cuba para obtener una ganancia. Quienes las compran ya es un debate más profundo porque se trata del gusto estético de los consumidores, gusto estético que se ha deteriorado a raíz de las necesidades económicas y también de la proliferación de la marginalidad.”

A pesar de todos los criterios encontrados, este tipo de ropas tiene mucha aceptación, incluso existen personas que suelen apreciarlas como prendas de salir. Desde Santiago de Cuba, Rolando, ingeniero industrial, me confirmó a través de Facebook; “Aquí por lo menos esa ropa resuelve cantidad, porque en las tiendas TRD y Cubalse no venden casi nada que valga la pena, los precios son altos, la ropa a veces está podrida, y al menos uno sabe que esta ropa traída de Ecuador lleva menos tiempo añejándose en almacenes, además de que muchas son de tejidos fuertes. Es verdad que a veces traen demasiados carteles y brillos, pero casi todo el mundo la lleva y cuando sales es lo típico, es la moda, es como lo último.”

Edgardo, dependiente de una cafetería que hace unos meses atrás tenía una percha de venta de ropas contigua a su negocio, expresó: “Ese tipo de ropa es característica de las personas que viven en Oriente, y debido a las constantes mudanzas de personas de la región oriental y central del país hacia la Capital poco a poco se fue trasladando tanto por los vendedores como por los consumidores, casi todos los que he conocido que vendían ropa de ese tipo venían de otras provincias. Hay algunas cosas que sí se ven bastante bien, pero otras tienen muy mala pinta por las combinaciones principalmente. Además, la mayoría de los que las usan son personas de bajo nivel cultural.

Ahí está el otro punto, ¡las combinaciones! Al parecer los proveedores tratan de buscar las piezas combinadas pero no por tonalidades, sino por colores exactamente iguales, lo cual no es de buen gusto. No hace mucho me encontré con cinco muchachas que iban para una fiesta e iban vestidas cada una de un color, como si se hubieran puesto de acuerdo; blusa, pantalón, sandalias, cinto y cintillo, todo del mismo azul, claro, a la que le tocó el azul, y así con la roja, la amarilla, la verde y la blanca. Eran como Power Rangers, y todo el mundo miraba entre burlesco y extrañado.

Madelaine, quien se dedica a la peluquería, apuntó: “La ropa de Ecuador identifica a las personas de bajo nivel cultural, porque no tanto el nivel adquisitivo ya que los precios no eran baratos. Cuando veo esas ropas con esas combinaciones escandalosas en alguien lo primero en lo que pienso es, o es del campo, o es marginal.”

Beatriz Valdés, estudiante de Comunicación Social, considera: “Primero, mi opinión no pretende ridiculizar ni criticar a nadie, pero si creo que los que más tienden a llevar este tipo de ropa son en primer lugar los fans del reguetón,  y personas con un bajo nivel tanto profesional e incluso a veces adquisitivo. Pero algo de lo que sí estoy segura, es de que constituyó una alternativa a las carencias de ofertas que sufrimos, pues de lo contrario todos dependemos de los centros estatales que no han sido capaces de satisfacer las demandas de la población.”

Entonces, ¿es la ropa de Ecuador también un estigma o sello? El dilema de esta tendencia no solo causa controversia económica sino moral ¿Realmente solo la llevan los marginales y las personas que vienen de las provincias orientales del país?

Liudmila Báez, licenciada en Bibliotecología y Ciencias de la Información consideró al respecto: “No creo que sea una tendencia en orientales o marginales, yo más bien diría que en gente que no tiene buen gusto, al menos lo que para mi es el buen gusto, lo peor no es llevar ese tipo de vestuario, sino que cuando sales a la calle te encuentras que todo el mundo va vestido igual, aquí la mayoría encuentra en esos “distribuidores” de ropa ecuatoriana una salida, porque la verdad en las tiendas no hay nada que valga la pena tampoco, y a veces es más caro… Creo que al final es una cuestión de estética, muchas personas piensan que vistiéndose como los demás “están en lo último”, las amiguitas salen vestidas iguales, a los niños los visten con muchos colorines y carteles, en fin… es que a las personas que traían ropa solo les interesaba vender, y el público aquí como que no es muy exigente y les sigue comprando.”

Rafael González, periodista, también señaló: “Creo que muchas de las ropas de este tipo son de mal gusto, pero no tiene nada que ver con los orientales, es un gusto estético extendido desde Pinar del Río hasta Guantánamo. Un punto a favor, es que también son más baratas y/o resistentes que las ropas que venden en las tiendas cubanas.”

Estamos hablando de buen gusto, de un sector de la población que carece quizás de información o guía para el buen vestir, y que por otro lado tiene una entrada económica bastante aceptable, y hasta alta como para adquirir productos de este tipo. Chanel en una ocasión expresó “No es la apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase.” Pero en este caso, ¿quién implantó esta moda en nuestro país? La necesidad, obviamente. Al no tener satisfecha ni completa ni óptimamente la necesidad de vestir con prendas nuevas que no fueran de segunda o tercera mano, las personas buscaron alternativas, y la traída por estos comerciantes que iban y venían de varios países cargados de ropas para revender aquí, dio una solución al problema.

Evel Ramón, periodista, en una conversación me habló al respecto: Existen factores que inciden en los gustos por el vestuario, pero Cuba es un caso especial por sus características económicas. A pesar de las necesidades más perentorias, los cubanos no olvidamos las costumbres y entre ellas, la de vestir bonito y con onda. Cuando la república de Ecuador abrió sus fronteras a los cubanos, muchos vieron en ello una posibilidad única de hacer negocios.Comenzó a llegar desde ropa hasta equipos eléctricos del Ecuador, y los cubanos a distribuir por todo el país y a comprar haciendo esfuerzos sobrenaturales para estar a la moda, y el caso es que los cubanos somos un pueblo bastante desorientado para la moda. Por desgracia, no hay recursos y Cuba, un país con características tan singulares merecería tener una moda nacional especial. En nuestro país no existen en la actualidad ídolos juveniles que impongan una moda cubana, una forma de ser cubanos. Vi por internet como en Bolivia han surgido modelos para mostrar la ropa y atuendos de los indígenas Aymaras , allá ellos están luchando por mostrar lo suyo, lo propio, que no tiene por qué ser peor que lo de “afuera”, pero los cubanos estamos en eso muy mal. Hay talento en los modistas, se hacen modestos esfuerzos, pero sin una política que los apoye, sin una industria que los estandarice, no van a ninguna parte. De modo que tendremos que seguir usando lo que otros inventan, nos quede bien o nos quede mal…”

En este aspecto los jóvenes vuelven a tomar la estafeta, y si antes, por cuestiones económicas más desmejoradas así como prioridades de carácter político, ideológico y social no se tenía la moda como un punto notable, hoy por hoy, a raíz de la apertura de nuestro país al mundo, los consumos culturales, entre otros factores, ya vemos personas que se interesan muchísimo por la moda y por la elegancia.

Sin embargo existe otro sector de la población que no tiene acceso o no se identifica con los productos audiovisuales que marcan estas tendencias europeizadas y norteamericanas, que son las que rigen las leyes del buen gusto a nivel internacional, éstos son los que no tienen ejemplos a seguir en ese sentido, y van adaptando sus preferencias de acuerdo a sus posibilidades económicas, y a su nivel cultural.

Volvemos a caer en la enorme influencia que tiene la economía en cada aspecto del hombre moderno. Esta forma de vestir que puede llegar a ser controversial, según hemos constatado, sigue en pie, y seguirá mientras a los vendedores del mercado negro les quede mercancía y espacios para esconderse, mientras tenga un público asiduo, marginal o no, pero que de igual modo resuelva la necesidad. Pero quizás ya no es solo una ropa para solucionar la vestimenta, sino también todo un estilo, de esos que ayudan a estereotipar, etiquetar, y encasillar a las personas según sus apariencias.

Lo cierto es que existe una industria de la moda que es la encargada de implantar los estilos y llegar a través de los medios a cada rincón del planeta, pero también existen muchas tendencias que no tienen nada que ver con esta industria y que conviven indistintamente con lo instituido como lo correcto según los amos del “buen gusto”.  En este caso no cabe la frase de Chanel  “El buen gusto estropea ciertos valores espirituales auténticos: como el propio gusto” porque estamos hablando de un estilo verdaderamente kitsch en muchísimos aspectos y que más que engalanar, resuelve una carencia y aplaca otras carencias menos materiales.

Por el momento creo que habrán muchos más fantasmas de la ropa de Ecuador apareciendo por nuestras calles, hasta que algo nuevo las reemplace, pues después de todo se supone que ya no debe venderse ¿no es así?

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