JUEGOS*


Por Yisell Rodríguez Milán

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Fuente de la foto: Revista La Calle

Ven, ven, acércate que no te voy a hacer nada… te he dicho que no temas. ¿Cuántos años tienes? ¿7? ¿Cuántos? No puede ser. ¿Y qué haces solita aquí? Qué irresponsables que son tus papás, mira que dejar sola en casa a un niña tan pequeña y tan tierna y tan hermosa aquí… … Pero yo no soy un desconocido eh… nada de eso… ¿y eso que tienes ahí? Sí, sí, ahí, déjame ver la bajo la blusa. Creo que te lastimaste ¿verdad? ¿Qué, qué dices? No te oigo. Hablas muy bajito. Déjame ayudarte. No me tengas miedo que yo no muerdo y todo lo que quiero es jugar contigo.

¿Qué, me ves muy viejo? Considérame tu abuelito. ¿Sí? Está bien así me gusta que seas buena. Ahora deja que el abuelito te ayude y déjame ver el golpe. Así, así. Acércate a la cama.

¿Me tienes miedo? Pero no debes. Me has visto por aquí tantas veces ¿verdad? Ya deberías estar acostumbrada.

Mira para que veas lo bueno que es el abuelito toma este regalito. Es para ti. Vamos, tómalo. No seas tímida…. ¿bonita no?. Es una muñeca de las caras. ¿Por qué lloras? ¿No te gusta  la muñeca? ¿sí? ¿Y entonces si yo no te he hecho nada?  Yo creo que esta muñeca se parece a ti, mira es casi de tu tamaño,  pequeña como tú y con un huequito acá abajo como tú. ¿No tienes tú uno así mismo ahí? ¿Sí verdad? Porqué no me lo muestras como mismo se lo muestras a papá.

Está bien si no quieres pero déjame cargarte que para eso son lo abuelos. Y sentarte aquí…uhm… así. Y ahora las medias y los zapatos para que descanses y juegues con tu muñeca, así. Y el vestido porque hace calor, levanta los brazos.  Y no me mires así que esto no es nada malo y me haces sentir culpable de quererte, esto no es nada malo. Quítate el blúmer para que juegues libre. Si tú no la haces lo haré yo. Mira que los niños hacen lo que los mayores dicen. Dámelo.

Ahora acuéstate y abre las piernas. Jugaremos a las casitas. Tú serás la mamá y yo seré el papá. Para que aprendas lo que hacen las mamás y los papás grandes cuando juegan a las casitas.

¡Deja de llorar me oíste, deja ya de llorar! Así… así me gusta. Tranquilita y seria como la mamá que vas a hacer. …Así… que piel tan linda… de bebé. ¡Ábrelas!… así. No temas. ¿No ves que no te hago nada malo? ¿Es que no te gusta como te acaricia mi mano de papá? Recuerda que tú eres una mamá y que las mamás hacen todo lo que los papás quieren. Aunque sean unas mamás pequeñitas como tú.

Desabróchame el pantalón… así…. Ahora saca el otro regalo que hay ahí para ti… ¿ya lo encontraste? ….Así. Bien ¿ves que ya eres una niña grande ahora acarícialo y quiérelo y mímalo como si fuese tu muñeca? Tu única muñeca. Dale besitos, sí besitos. ¡Cómo me gustan tus manitas! Así, así, ahora acuéstate, así, abre las piernas, como te enseñé, así, así, y déjame que te enseñe, déjame jugar a mí. No llores.

*Este texto me nació cuando leí en el blog Paquito el de Cuba el post Trata de personas y abuso sexual o No dormirnos en cómodos laureles . Les dejo el enlace a Cubadebate donde se explica esta situación en Cuba, donde en 2012 un total de 224 personas fueron condenadas por el delito de proxenetismo, según el Informe sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual. 

Ese año, según Prensa Latina citada por Paquito el de Cuba se reportaron en el país dos mil 117 denuncias de delitos contra niños, niñas y adolescentes, lo cual arroja  una incidencia de 0,09%, en relación con una población de dos millones 260 mil 751 habitantes de hasta 16 años.

A mí las cifras me parecieron escalofriantes, casi tanto como escribir esta historia que, además, es absolutamente ficticia pero conlleva la esencia de mi impresión. 

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