El termómetro de la cultura


Los ecos de lo que pasa con la cultura en los barrios llegó hasta las salas del Palacio de las Convenciones en octubre pasado y este abril. Se sabía que así iba a suceder más allá del supuesto elitismo y la desconexión aparente de los intelectuales y artistas con la cotidianidad nacional, que es no es lo mismo que con la realidad en que viven. Y digo aparente porque casi todos tienen familiares con gustos más o menos buenos y malos, con quienes deben convivir, y porque hay muchos que sí se mantienen al tanto de cuanto ocurre fuera de los límites de su universo creativo.

Pero una vez terminado el congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) hay gente en la calle, en las oficinas, y sobre todo en las instituciones culturales que establece comparaciones entre este cónclave y el de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), pues gracias a los amplios resúmenes de los diarios y la tendencia actual de trasmitir por televisión las sesiones plenarias, la ciudadanía forma sus opiniones de una manera más directa y también es más tajante en sus criterios.

Resulta que se han establecido una suerte de «parámetros» para determinar la calidad de esos eventos en base al grado de valentía o de individualismo de los delegados al emitir sus criterios, las agendas temáticas colectivas, las nuevas propuestas, los problemas que se arrastran desde otros encuentros nacionales y el balance de lo que ha cambiado, o no, desde entonces.

imagen trabajo yisell Lo que se dice cambiar, han cambiado muchas cosas desde el 2001 cuando fue el primer congreso de la AHS, y desde el 2008, año en que se reunió la UNEAC. Desde entonces Cuba ha tenido fuertes impactos en lo económico y lo tecnológico con repercusión no solo en la forma de entender algunos procesos culturales, sino en los modos del pueblo de asumir la cultura informacional y del entretenimiento.

 Durante el 2012 Abel Prieto fue liberado del cargo de Ministro de Cultura, responsabilidad que desempeñó durante 15 años. Su puesto lo ocupó Rafael Bernal, quien fue sucedido dos años después, poco antes del cónclave de la UNEAC, por Julián González Toledo, actual ministro.  

Durante ese período, además, se aprobaron los Lineamientos de la Política Económica del Partido y la Revolución,  han tenido lugar intensas polémicas sobre la racialidad en Cuba, aumentó el consumo informal a través de los llamados «paquetes» y han fallecido muchísimas figuras de prestigio para el arte y la cultura cubanos.

Alfredo Guevara, Cesar Portillo de la Luz, Raúl Eguren, Santiago Feliú, Sara González, Abelardo Estorino, Daniel Díaz Torres, Luis Marré y Fernando Alonso, son algunos de los intelectuales y artistas cuya muerte en los últimos tres años —el 2013 fue particularmente trágico— demuestra que, biológicamente hablando, ha llegado la hora de un relevo generacional paulatino en las estructuras de la UNEAC.  

 De la agenda visible de ambos eventos se puede decir mucho, pues hubo puntos de contacto y no muchas diferencias, aunque, como diría Norge Espinosa en el artículo Un congreso como síntoma del país, publicado en la web de la UNEAC habría que analizar ahora cuál es la capacidad real de acción e impacto de estas organizaciones en el palpitar constante de una nación fuertemente marcada por importantes cambios económicos.

Lo otro sería superar las reservas con respecto a la cultura cubana y el mercado, y preparar a los creadores para el nuevo contexto; superar los «feudos» y favoritismos que marcan la producción en muchas instituciones limitándoles el acceso a nuevas figuras con talento que podrían mejorar creaciones colectivas como la televisión, la música, la radio, o el cine.    

Pendiente queda también la interacción de los intelectuales y artistas, tanto jóvenes como ya experimentados, en las plataformas digitales. Y no me refiero solo a que aparezcan sus escritos en sitios web como La Jiribilla o Cubarte, sino a que posean perfiles en Facebook y Twitter y compartan con sus seguidores a través de ellos. Es un débito también amplificar la visibilidad de estos en los medios de comunicación del país en especial en los periódicos nacionales y provinciales, no como fuentes de información sino como articulistas, así como su vínculo con la juventud en los preuniversitarios y universidades siguiendo el ejemplo de Alfredo Guevara.    

 Porque cuando un intelectual de altura, lejos de los marcos formales de una conferencia coordinada institucionalmente o de un evento X, se aventura a dialogar, online u offline, con la generación de cubanos más joven, lo mismo sobre los cines 3D, que sobre «el paquete», la telenovela de turno o la política, se aprende más y mejor a desmontar los discursos superfluos de la industria capitalista, que es al final lo que se quiere ¿o no?…

Vea también

¿Qué es la Asociación Hermanos Saíz?

¿Qué es la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba?

Dossier sobre el congreso de la UNEAC y el congreso de la AHS publicados en sus páginas web institucionales.

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