Tras la huella: Pasos y pisadas de la juventud


Los policíacos cubanos históricamente obtienen más del 70 por ciento de audiencia y un gusto hasta de 96 puntos. Tras la huella no está por debajo de esas estadísticas. Pero, ¿qué imagen ofrece este producto «estrella» de la televisión nacional sobre la juventud del país? ¿Qué le sugieren sus espectadores para que sea más creíble?

La joven Míriam Alameda fue conocida también por su rol en SOS Academia. Foto: Tomada del canal en You tube Mumi Alameda

La joven Míriam Alameda fue conocida también por su rol en SOS Academia. Foto: Tomada del canal en You tube Mumi Alameda

Por Yisell Rodríguez Milán, publicado originalmente en Soy Cuba

Hay hecho irrebatible: Tras la huella gusta.

Lo dicen las estadísticas, la gente, el paquete semanal que de vez en cuando inserta algún capítulo entre sus propuestas y los cubanos que no viven en el archipiélago, pero siguen la página de la serie en Facebook, lo que se sube a You tube y las ofertas de la web www.traslahuella.com —muy desactualizada— donde el estuche con 20 DVD se comercializa a 70 USD.

Aunque siempre aparece quien declara que no le gusta o que prefiere la producción estadounidense CSI, porque mientras en ella se resuelven tres casos en un capítulo, nosotros —siempre presente el espíritu plural de lo nacional hasta para criticar— demoramos tres capítulos en resolver un caso.

Y aún así… consumen el dramatizado policíaco que desde 2005, por temporadas y con la aprobación del Ministerio del Interior, propone el canal Cubavisión los domingos a las nueve de la noche.

Pero, ¿qué imagen ofrece este producto «estrella» de la Televisión cubana (TVC) sobre la juventud del país?

Digamos, para empezar, que el elenco de Tras la huella, de manera general, no está avejentado. Aunque menores de 35 años, edad límite que marca sociológicamente el fin de la juventud en Cuba, se cuentan pocos, al menos que ahora recuerde entre los protagonistas: Sucel (27 años), interpretada por Edenis Sánchez, y la Primer Teniente Mabel (22 años), por Míriam Alameda. Otros, desarrollados porque Enrique Carreres, Raúl Lora, Yuny Bolaños, Arianna Álvarez o Enrique Bueno, no siempre están en pantalla.

Enrique Bueno, se ha destacado con su actuación en los últimos capítulos de Tras la huella. Foto: Tomada de Enfoque cubano

Enrique Bueno, se ha destacado con su actuación en los últimos capítulos de Tras la huella. Foto: Tomada de Enfoque cubano

Donde sí afloran los veinteañeros es entre los transgresores de la ley… y los encubiertos del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), así como los cuarentones, y otros de más edad, abundan entre los testigos. Hay una imagen, un mensaje implícito en la designación que dibuja el panorama social de este país, a sabiendas de que los personajes no son reales.

Fíjense bien, hasta en los crímenes perpetrados se identifica a priori una tendencia: prostitución, emigración ilegal, violaciones, tráfico, drogas, esos son asuntos de jóvenes; y asesinatos, corrupción, violencia doméstica, malversación; parecen destinados a personas con mayor experiencia de vida, lo cual no limita —como en efecto ha sucedido muchísimas veces en nueve años de trasmisión— que en los casos estén involucrados ciudadanos de cualquier edad, como sucede en la vida real.

En un texto anterior, citábamos una investigación que criticaba a los programas juveniles de la TVC porque suelen dar una imagen plana, luminosa y «sinflictiva» de la juventud del país, razón por la cual en no pocas ocasiones estaban desconectados de su público meta y se quedaban en la epidermis de los temas. Con Tras la huella no pasa eso.

Cierto que no es un programa juvenil, sino un dramatizado del horario estelar, apto para mayores de 15 años y, por tanto, su audiencia es más amplia y exigente con la verosimilitud.

Pero en raras ocasiones he logrado identificarme con alguno de esos personajes ahora sí conflictivos y con luces y sombras. Ni buenos ni malos, ni policías ni delicuentes, ni jóvenes ni experimentados, logran que me sensibilice con sus causas —salvo raras excepciones, como pasó con Abismo— quizá porque uno de los elementos que laceran las producciones juveniles se mantiene aquí: la imagen plana de los protagonistas.

En una página de Internet, por ejemplo, encontré una descripción de Sucel donde se explica que vive sola con su madre, quien dirige una escuela primaria, y es novia de Davel, oficial aduanero que pone a su perro antes que ella.Confieso que por mucho que me esforcé no pude recordar ni un solo capítulo (y yo persigo la serie) donde se abordara esa faceta de su vida. Quizá me lo perdí, y con él toda su historia, por lo cual estoy obligada a continuar con mi idea de Sucel: una analista de espejuelitos que sabe mucho de informática.    

La descripción que ofrece de los personajes la web de Tras la huella, puede causar asombros. Foto: Tomada de Tras la huella.com

La descripción que ofrece de los personajes la web de Tras la huella, puede causar asombros. Foto: Tomada de Tras la huella.com

No obstante y en definitiva, de Tras la huella lo que más gustan no son los protagonistas, como en casi todas las buenas historias televisivas, porque ellos y ellas solo son soporte, mecanismo necesario para contar, uniformes con una lectura social aleccionadora que a veces se disfruta y la mayoría no tanto.

De Tras la huella lo que atrae es lo que se cuenta, si fue real, y a cuánto ascendieron las condenas, porque se ansía saber lo que no se conoce por la prensa, aunque últimamente las notas informativas del MININT aclaran y alertan sobre no pocos hechos de sangre.

Antes de terminar este artículo, repasemos algunos de los resultados arrojados por los estudios del Centro de Investigaciones sociales del ICRT sobre el programa.

Índice de audiencia de Tras la huella

Años Teleaudiencia (%) Gusto (puntos)
2005 46, 8 83-85
2006 42,2 89-92
2007 64,0 91-92
2008 62,1 83-91
2009 61,2 86-91
2010 45,8 91,8
En 2012 una investigación del CIS arrojó que Tras la huella estaba entre los programas más gustados y los espectadores expresaron que «podía mantenerse en pantalla». En 2013fue lo más visto y gustado, aunque solo se trasmitiera durante los meses de verano y en la programación especial de diciembre.

Fuente de los datos: Centro de Investigaciones Sociales del ICRT

En 2005, cuando salió tras varios años sin un policíaco cubano en la parrilla televisiva, la audiencia lo vio como una imitación de CSI y los personajes no cumplían las expectativas. Sugerían, en ese entonces, casos más complicados y menos lenguaje técnico.

Cuatro años después, al trasmitirse Despacho de la guarda, se criticó el poco reflejo de la realidad y los encuestados sugirieron temas como el robo en hogares, tiendas y bodegas, la cotidianidad, las drogas, las violaciones y los acosadores, los asaltos, las estafas y los asesinatos reales.

Desde entonces Tras la huella ha mejorado: los casos son cada vez más atractivos e iluminadores sobre una realidad que, cotidianamente, no rebasa los límites de los archivos policiales y/o los chismes de barrio, pero falta trabajar más en el guion para que llegue a los planos estelares —porque el horario ya lo tiene— que alcanzaron los policíacos de antaño.

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