Los 100 años de Onelio


Por Yisell Rodríguez Milán

Cuando en la prensa cubana predominaban las crónicas rojas y las predicciones astrológicas Onelio Jorge Cardoso, que jamás asistió a una escuela de periodismo, se convirtió en voz de los campesinos de Cuba. Fue entonces cuando pasó —sin dejar de serlo— de cuentista a reportero.

Alguna vez, cuando comenzaba como colaborador en Bohemia, alguien intentó enseñarle cómo escribir para la prensa, “un compañero muy voluntarioso, muy buena persona, y queriendo ayudarme me dijo que pasara por la oficina a enseñarme a hacer un reportaje y bueno, yo fui, pero pensé que no podía escribir así”.

Era difícil para un hombre acostumbrado a las libertades del cuento adaptarse a las reglas de la pirámide invertida, la escasez de recursos expresivos, las mutilaciones por espacio y la rapidez informativa que no permite elaboración detallada, relectura, perfeccionamiento literario.

Reportaje Cuarenta contra uno, publicado en Bohemia

Pero aún así hizo periodismo.

Primero como medio de subsistencia comparable a cualquiera de sus oficios anteriores: aprendiz de fotógrafo, vendedor de medicinas, comerciante ambulante, maestro rural, escritor radial, guionista de cortos cinematográficos. Obvio que solo escribir cuentos no daba para vivir.

Luego, con los años, el oficio pasajero se convertiría en permanente denuncia de la cotidianidad asfixiante del campesino y el pescador, seres tristes que habitaban sus cuentos y también la realidad nacional.

Su labor periodística comienza en 1948 cuando se instala en La Habana y trabaja para la emisora Mil Diez, órgano de prensa del Partido Socialista Popular (PSP), donde redacta noticieros, comerciales, anuncios publicitarios y guiones.

1948 fue un año difícil.

Por ese tiempo Ramón Grau San Martín (1944-1948) y Carlos Prío Socarrás (1948-1952), fueron presidentes de Cuba y ambos militaban en el Partido Revolucionario Cubano Auténtico, enemigo principal del PSP, para cuya emisora trabajaba.

Como consecuencia tuvo lugar una fuerte represión cuya cumbre fue el asesinato de los líderes campesinos Jesús Menéndez y de Aracelio Iglesias, y la declaración del “Decreto Mordaza”, que ordenaba el cierre definitivo de la emisora Mil Diez. Años después Onelio comentaría:

“Nosotros estábamos en la Mil Diez cuando cerró, posteriormente a la muerte de Jesús Menéndez, tanto Tabío como yo nos dispersamos, yo fui a hacer radio, él trabajaba en CMQ y un día me propuso que fuéramos a hacer reportajes de los campesinos, y nos fuimos a hacer reportajes al campo, con muchas dificultades y con mucho trabajo”.

Con estos “reportajes” conforma lo que se convertiría en su legado periodístico: una obra en la que confluye lo mejor de su cuentística y espíritu realista.

Yo me gradué de la universidad gracias a los reportajes de Onelio, su técnica, su estilo, los temas y los protagonistas de su periodismo. Revisé, y revisé, y otra vez revisé números ya gastados de las revistas Bohemia, Carteles, Mar y Pesca, Pueblo y Cultura, e INRA.

Sus semblanzas, reportajes y entrevistas de la década del 50¨: “Pedro, el cachurrero”, “Mujeres que trabajan como hombres”, “El lobo de la Cordillera de los Órganos”, “Oficios curiosos: herrador de bueyes”, y “El hilo del desperdicio: trabajo para mujeres y niños”, acompañados de las fotos de José Tabío que eran tan espectaculares como las de revistas gráficas internacionales de la talla de Life, Look. París, Match, Época, fueron una clase inolvidable de buen periodismo.

1959 cambió las cosas para Onelio.

Cuando el Gobierno revolucionario cambia el sistema político regente en el país, el cuentero-periodista que tenía como una suerte de “misión” la denuncia de injusticias, confiesa: “pensé que no tenía nada más que hacer (…) Pero yo tenía que decir lo que había alrededor de mí. Fue así como me puse a hacer los reportajes de Gente de un Nuevo Pueblo, por estar con la Revolución (…)”

Durante 1960 y 1965 haría un periodismo de viajes, como corresponsal de INRA y Bohemia por toda Cuba. Escribió de Santiago de Cuba y hay que leerse sus crónicas sobre el El Caney, La Plata, Mayarí Arriba, Pilón o la Gran Piedra, fue a Pinar del Río y son asombrosas sus descripciones de la gente que habita en Guanes, Arroyo de Mantua y la Sierra de los Órganos, estuvo en la Laguna del Tesoro y la Península de Zapata en Matanzas, así como en muchísimos lugares más.

En 1966, aceptó ser Jefe de Reportajes Especiales del Granma y en las páginas del periódico predominó el empleo del narrador en primera persona y estilos literarios emanados de poderosas personalidad creadoras como Nicolás Guillén, Jaime Sarusky, Lisandro Otero o el Indio Naborí.

Este 2014 Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero mayor de Cuba, cumpliría 100 años y mucha gente todavía tilda su obra de simplista aunque Denia García Ronda, la investigadora más tenaz de su obra, se desgaste diciendo que “Estamos dejándolo ir, porque quizás ya no lo queramos tanto, pese a que voces autorizadas han comparado a Cardoso con grandes del género, como Antón Chejov, Juan Rulfo u Horacio Quiroga”.

Pero tengo fe.

Tengo fe en que al menos por este siglo de vida que hubiera cumplido, alguien recuerde que hay dos libros suyos (casi en peligro de extinción) cargados de reportajes como los que necesita ahora mismo nuestra prensa y tengo fe en que se reediten… porque nos recuerdan que ser reportero aquí y ahora también es compromiso con los menos favorecidos de Cuba.

 

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