Juventud, ay Juventud o Ser Secretaria de un C/B


Ayer, en medio de la última de las más de 120 reuniones de la militancia de la Juventud Comunista en que he participado, me eligieron Secretaria. Todavía no salgo del shock: La gente (alguna, claro está) votó por mí, que nunca fui ni en Primaria, Secundaria, Preuniversitario o la Universidad siquiera Jefa de grupo. Lo más a lo que llegué alguna vez fue a presidir algún equipo de estudio, equipo en los que siempre —y que levante la mano quien no haya vivido esta experiencia en un bando o en el otro— trabajaba sola porque los demás no entendían la lección o estaban demasiado ocupados bobeando.

No es que nunca me hubieran propuesto el cargo (estos son tiempos en que andan en crisis los liderazgos naturales y hasta los dirigentes designados) sino que eso de mandar (o que me manden) a mí nunca se me dio muy bien. Lo mío es otra cosa, no sé: alborotar, participar, apoyar los proyectos de otr@s, proponer ideas (¿verdad Adrielito y Yoelvis?).

Pero votaron por mí y acepté.

¿Por qué lo hice a estas alturas, cuando después de cientos de reuniones en los más variados Comités de Base y con casi 11 años de militancia percibo que la UJC como la conocemos urge de un cambio en sus métodos de trabajo porque ya no enamora a las nuevas generaciones? ¿Por qué ahora, cuando no hace falta ser un genio para notar el desamor con que algunos se refieren a la organización ni cuánto a ella le ha costado adaptarse a las dinámicas de los nuevos tiempos, y desencartonarse, dinamizarse, “digitalizarse”, informalizarse (si es que esa palabra existe y el proceso es posible)…. ? Pues porque me da la gana. Sí, la gana.

Eso significa, sin demasiados rodeos, que porque quiero serlo.

No niego que cuando me comentaron sobre la “candidatura” varias semanas antes del hecho, lo primero en que pensé fue: 1) que ya no estaba para asumir las obligaciones implícitas en la representación de una juventud tan polémica y diversa como la del diario, 2) que detesto caerle atrás a la gente para que cumpla con una militancia que —como principio— no es obligatoria, 3) que no soportaría las dosis extras de reuniones en municipio y provincia que entraña el cargo y 4) que seré más visible para muchos, como si no fuera suficiente ya con ser periodista, bloguera, joven y colaboradora con cuantas revistas digitales hay entre cielo y tierra (eso es un decir, obviamente, aunque ojalá)…

También pensé que ser Secretaria de un Comité de Base de la Juventud Comunista cubana tiene sus ventajas, sobre todo cuando te sientes comprometida con el ideal de justicia que es esencia del Sistema Político del país y deseas que ahí donde militas las acciones sean lo más parecido posible a tu generación y menos al diarismo cansón que a veces nos ahoga.

Quizás no logre lo que me propongo pero, con este post, invito a acompañarme en esta otra fase de la aventura política que inicié en mayo de 2003. Quién sabe si ahora, desde esta posición y con el apoyo de l@s 25 que me acompañan en JR, logremos algunas cositas sencillas que, según veo, no abundan y sí hacen falta.

Por ejemplo: Más espontaneidad al elegir los temas de las reuniones, con énfasis en los relacionados con los fenómenos emergidos con la actualización económica, la necesidad de una nueva Constitución Internet, la necesaria y ¿futura? Ley de Prensa, la Ley de Cine, las normas legales que se actualizan y afectan a la ciudadanía, la necesidad de una legislación que canalice el acceso de los cubanos a toda información pública, y todo aquello que puedan interesar o afecte a un militante y su familia, sus vecinos, su comunidad….

Que las ideas emergidas no se queden en el papel, sino que llegue a las altas esferas a las que la organización tiene acceso… y se tomen en cuenta porque, al final, son las ideas de la generación que vive el hoy mismo, la fuerza laboral del ahora, la misma en la que impacta de frente cuanto cambio vive la nación…

Menos “cogedera de lucha” con quien va o no a las reuniones, porque al final lo que vale es la calidad de las opiniones, ideas, propuestas, proyectos y energías de quienes están. Y que ese clima genere algo parecido a lo que sucede durante las fiestas, cuando a la gente que no fue le queda el sabor amargo del “me lo perdí” aunque en este caso sería el perdí la construcción de una realidad posible, de una versión mejorada de la Cuba que tenemos hoy…

Convertir los encuentros en espacios de debate tan profundos como los de Temas (aunque eso implique traer invitados), tan energizantes como los de Dialogar, Dialogar, y tan polémicos como los que se generan en la Blogosfera cubana….

Esas reuniones, incluso, pueden estar abiertas a todo el que quiera participar aún cuando sea la militancia quien convoque y protagonice los debates. Y otras ideas, que otro día comentaré.

Hace unos meses leí un post titulado ¿No es país para mártires?, donde el autor escribía: “Cubanos, hagamos una pausa y pensemos un momento: ¿hay alguno de nosotros dispuesto a sacrificar su tiempo, su prestigio, su fortuna y estabilidad emocional a favor de un improbable cambio del estado de cosas en Cuba? (…) ¿Lo harías tú?”

Y, como pregunta retórica —“acusadora” y “acosadora”— dejaba caer: “¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo? ¿Lo haría yo?…”

La forma que yo tengo de probarme a mí misma, de probar si lo haría yo, es esta… Quién sabe, va y a lo mejor, desde el trozo de Cuba que me toca consigo mejorar algo, dinamizar algo, mover algunas ideas… ayudar a la Revolución que es ayudar a Cuba y si no, por lo menos lo intenté. ¿No dicen que de los cobardes nada se ha escrito?

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