Banco Mundial en la VII Cumbre de las Américas: La política de la «buena» voluntad


Por Yusuam Palacio Ortega

Preguntas para el Banco Mundial. La escribimos al dorso de la Proclama de América Latina y el Caribe como zona de paz. Foto: Yisell Rodríguez Milán

Como parte del programa del IV Foro de Jóvenes de las Américas presenciamos un intercambio entre los jóvenes y Jorge Familiar, Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina. No había tenido, hasta hoy, la posibilidad de escuchar tan cerca un discurso así de neoliberal y distante de los reclamos de los pueblos en pos de sociedades más equitativas, prósperas, sostenibles y verdaderamente libres; no dependientes de economías foráneas ni de mecanismos de explotación.

Esa y no otra es la esencia del muy conocido Banco Mundial, instrumento del capitalismo para mantener bajo su poder hegemónico a los pueblos necesitados, pobres y desprovistos de la plena realización de los derechos humanos, especialmente los económicos y sociales, en la región latinoamericana y caribeña.

Irónico y risible resultó cuando preguntó si conocíamos la misión de este centro financiero. Y cuál no sería nuestra sorpresa al escuchar como respuesta a su propia interrogante politiquera que es «erradicar la pobreza en el mundo»; para lo cual destinaban el 10 por ciento de sus dineros.

Cuanto desatino e incoherencia en sus palabras. Históricamente el Banco Mundial ha mantenido o acrecentado los niveles de pobreza en el mundo. Participa, además, en la confección, asunción y ejecución de políticas que agudizan las contradicciones entre el Norte y el Sur, fortalecen el desarrollo desigual en las dos Américas y debilitan las economías internas de nuestros pueblos sobre la base de potenciar la concentración de las riquezas en las manos de unos pocos y el aumento de la pobreza global.

Este es uno de los mecanismos de explotación mundial que presenta el sistema capitalista cuya insostenibilidad está probada.

Si viera ustedes con qué facilidad el Vicepresidente del Banco Mundial se refirió a los Ni ni (jóvenes que ni estudian ni trabajan en Latinoamérica), se insultarían como nosotros. Habló también, por ejemplo, de los recursos que desembolsan en diferentes países para su desarrollo y de las «buenas prácticas» del Banco Mundial, hermano del Fondo Monetario Internacional e hijo agradecido del capitalismo monopolista.

Llegamos los jóvenes cubanos a «conmovernos» ante tan «sentidas declaraciones» de exaltación y reconocimiento a lo que es un epicentro de miserias, altos índices de desempleo, desarrollo desigual, analfabetismo, insalubridad, políticas de élites al servicio de los dominadores del mundo, los que han abierto fuertes brechas en las Américas promoviendo economías deprimidas, con ínfimas posibilidades de desarrollo, ajenas a la igualdad y justicia social.

Ya está gastado el discurso acusador a nuestros pueblos por no ser capaces de mejorar sus condiciones de vida. Ello es una falacia si atendemos a que, gracias al capitalismo, a las políticas concebidas desde el Imperialismo, a la aplicación de las recetas neoliberales del Banco Mundial, a la práctica entreguista de gobiernos conducidos desde la América inglesa; nuestras tierras latinoamericanas han visto truncadas las mínimas posibilidades de desarrollo sostenible.

El enemigo sabemos cuál es: el imperialismo. Por eso la posición de los jóvenes cubanos es defensora de un orden mundial diferente, cuyas bases sean la igualdad y la justicia social, el humanismo y la promoción de los valores del socialismo. La lucha por un mundo mejor continúa, sigue la humanidad diciendo «basta».

La juventud cubana en el IV Foro de los Jóvenes de las Américas ha dejado clara su postura ética, humanista y revolucionaria; heredera de la más genuina tradición de lucha del pueblo cubano, del legado de Martí, del ejemplo de Fidel y Raúl. Seguiremos adelante en este escenario hostil, poniendo en alto el nombre de Cuba y de la Revolución.

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