Nos gusta lo gratis


Por Yisell Rodríguez Milán

Sí, yo sé que «Regalado murió en el 80´». Y entiendo que cualquiera habría infartado con lo sucedido una década después, pero eso no quiere decir que hayamos condenado a muerte a las cortesías.

El gesto detallista en eventos, con una visita y en algunos sitios de servicio público tiene mucho valor para la gente y, sin embargo, suele olvidarse… en especial en las tiendas recaudadoras de divisas donde, no por casualidad, cuando se gasta suele ser bastante.

Si no me cree vea usted el precio de, digamos, un juguete infantil. Se asombrará con lo que puede llegar a costar un guante de béisbol, deporte nacional de Cuba, o una Barbie  con y sin casas o autos.

Pero hablaba de las cortesías, en especial aquellas que constituyen efectivos mecanismos de venta y de satisfacción para los clientes cuando se inauguran ciertos espacios comerciales.

Hace un tiempo estuve en Alamar, un municipio habanero, durante la apertura de un hermoso complejo multiservicios al cual mucho tiene que envidiar el mercado industrial que ocupa la primera planta de su edificio.

Fui con mi madrina y, tras enfrentar una turba dispuesta a pasarle por encima a quienes obstaculizaban su paso desde las 9:00 am, accedimos al lugar. Y no encontramos nada que no hubiera en locales similares por toda Cuba: los mismos precios, los mismos productos. La mayoría caros.

Solo algo era diferente: al marcharte, te regalaban una taza de café. Un café humeante, delicioso, y –por más detalle- no del polvo que se vende en la bodega.

Muchas personas salieron contentas de aquel lugar en su primer día, aunque todavía no entiendo cuáles eran sus expectativas para fajarse de un modo tan grotesco por entrar. Puedo suponer que imaginaban ofertas diferentes pero, conociendo nuestros mercados, no me convenzo.

El caso es que el atractivo de una buena promoción, de un regalo o de una cortesía no es algo que explotemos aquí, aun cuando su necesidad es una realidad económica aplicable a todos los países del mundo porque, querámoslo o no, siempre hay que consumir.

En 2012 la Encuesta Global de Nielsen, una compañía de información y medición del sector de la mercadotecnia, entrevistó a más de 29 mil consumidores online de las Américas, Europa, Medio Oriente, África y Asia. El resultado del estudio arrojó que el precio de los productos era la preocupación «primordial» del 65 por ciento de los encuestados. ¿Les suena conocido?

Seis de cada 10 de esas personas habían estado al tanto de promociones y descuentos (59 por ciento) y consideraban que los productos con algún tipo de regalo eran un buen incentivo.

Los nacionales de países en desarrollo –sobre todo de Latinoamérica- respondieron con más fuerza que europeos y norteamericanos en favor de los obsequios. Puedo entender por qué.

Eres de un país subdesarrollado, con limitaciones económicas que repercuten en tu salario y en tu calidad de vida por tanto, al comprar, no solo evalúas bien qué cuesta menos y donde está sino que apreciarías mucho que al gastar un dineral… como mínimo te den no sé, algo más. A todos nos gusta lo gratis.

Pero no es común en esta Isla que sucedan esas cosas. Quizás porque si te resarcieran cada vez que un tren se atrasa, la empresa responsable quebraría. O porque cuando un economista ha propuesto acompañar con algún tipo de descuento por un día una oferta de ropas, zapatos, comidas o una nueva línea de productos de aseo, esa no es la prioridad.

Y claro, para qué descontar si se puede ganar bastante sin hacerlo: la necesidad obliga.

Los cubanos, en resumen, no buscamos activamente ese tipo de beneficios. No estamos acostumbrados. Aspiramos, eso sí, a que una vez añejados los productos en los estantes, al fin sean declarados como merma y vayan a parar a otros espacios, con un precio menor.

Una persona que quiero mucho fue adicta por unos meses a las «tiendas de merma». Todos los fines de semana llegaba a casa con algo «nuevo» y «recién comprado». Podía ser una blusa carente de dos o tres botones, un pantalón manchado, un frasco de perfume por la mitad o un par de zapatos a punto de descascararse.

Solo una vez la vi llegar con algo útil y que funcionara: un regulador de voltaje para el refrigerador. Ni sé cuál era su defecto, pero nos alegramos de tenerlo.

Una de las pocas entidades que aplica la técnica de las promociones es la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa). Sé que es porque no le queda más remedio. Los más de tres millones de personas con líneas de celulares, siempre pendientes de las ofertas, cupones y descuentos que le garantizarán una comunicación menos cara, son una gran fuerza a tener en cuenta.

Otros centros deberían aprender de esa empresa y sus gerentes recordar que uno, en Cuba, no va a una tienda a gastar sino a ahorrar. Y si no tiene nada extra para regalar que nos den, aunque sea, una sonrisa.

Fuente: Tomado de Soy Cuba

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