Humaniqué


Por Yisell Rodríguez Milán

Y ahí está el video, degradándola a sucio entretenimiento callejero y mostrándonos lo bajo que puede caer el ser humano a partir de un ejemplo que da lástima: el tumulto de personas que la rodea, se ríe, aplaude y la incita a seguir con el espectáculo bochornoso que tiene lugar en la entrada del barrio chino de La Habana.

Fue filmado con un celular. Se ve por la mala calidad de la imagen y el pulso tembloroso de quien lo sostiene, probablemente algún transeúnte atraído por el conglomerado de gente gozando en medio de una calle altamente transitada pero en la que, a juzgar por la algarabía, debieron detenerse los carros.

Ella está en el centro, sucia, despeinada, mostrando sus genitales a quienes aplauden ante los movimientos lascivos de un cuerpo tan delgado que pareciera quebrarse. Un hombre, de improviso, se baja la portañuela y la penetra.

Ella sigue en lo suyo, como si él no estuviera, así que se separa y vuelve a la carga mientras el resto… ese resto bochornoso del que pudo formar parte algún vecino, amigo o familiar nuestro, lo observa todo sin mover un dedo.

Vergüenza debiera darle a quien filmó aquello y lo extendió, cual pólvora, por los dispositivos móviles del país. Más provechosa hubiera sido una llamada a la Policía, o a algún hospital psiquiátrico para que la atendieran con la dignidad que a todo ser humano le corresponde.

Otro video, filmado en Yateras según consta en el nombre del archivo, está hasta en You Tube y fue usado por una cadena de noticias estadounidense para presentar a una mujer con deformidades en sus extremidades como un fenómeno digno del disfrute público.

Le llaman «la mujer perro» y en las imágenes trasmitidas, también compartidas de una computadora a otra desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio, se la ve bailando en medio de una calle polvorienta. Nuevamente, un grupo le hace coro.

No sé qué tiempo habrán durado ambas situaciones, ni como habrán terminado. Probablemente ellas se fuera solas de allí, como mismo llegaron, o hasta tuvieran cohorte.

Sé, eso sí, que duele verlas por lo que dicen estas imágenes de nosotros como sociedad y como, desde hace un tiempo hacia acá, participamos en esta especie de culto al show, sea de la índole que sea, sin inmutarnos.

Compartimos videos que denigran, coleccionamos imágenes filtradas de accidentes o violaciones, y declaramos nuestra pasión por la violencia cada vez que propagamos como chismes lo que creemos saber sobre algunos crímenes pasionales y ciertas venganzas.

¿Qué nos pasa? ¿A dónde fue a parar la humanidad intrínseca a este tipo de sistema social? ¿Tanto nos degradamos?…

Se aprende a ser bueno como mismo se aprende a ser cruel. Ojalá y no sea demasiado tarde cuando algunas familias, esas donde este tipo de archivos son el pan nuestro “informativo” de cada día, se den cuenta.

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